domingo, 11 de diciembre de 2011

Hijos de un dios menor (II). En el corazón de Europa

El segundo capítulo hará un repaso de los extremos holandeses Rensenbrink y Overmars, los alemanes Littbarski y Flohe, los daneses Simonsen y Jesper Olsen, el polaco Gadocha y el austríaco Schachner. Ocho de los buenos, buenos.

Pieter Robert ROB RENSENBRINK (1947), nació el mismo año que Cruyff y con un aspecto físico parecido al del genio. Apenas diez centímetros son los que separaron su trayectoria y la de Holanda  de la gloria en 1978, cuando su remate en el último minuto tocó el el poste derecho de la portería de Fillol. Si hubiese entrado, la selección neerlandesa hubiese sido campeona del Mundo y Rensenbrink se hubiese proclamado máximo goleador y mejor jugador del torneo, pero no fue así y fueron Argentina y Kempes quienes lo consiguieron en la prórroga. Robbie ya había perdido una final mundialista cuatro años antes, en 1974, con la Naranja Mecánica, en la que formaba un impresionante trío de ataque con Rep y Cruyff.
Rensenbrink era un futbolista de clase mundial, una verdadera estrella. Fue Balón de Plata en 1976 (también Onze d'Or) y Balón de Bronce en 1978 (ese tiro al poste...). Esos dos años había ganado la Recopa de Europa con el principal club de su vida, el Anderlecht belga, donde jugó desde 1971 a 1980, con una gran pareja holandesa, Arie Haan, que era un centrocampista y lateral todoterreno. Jugaba de extremo izquierdo, posición que alternaba con la de mediapunta rematador, si bien al final de su carrera se retrasó algo. Alto y delgado, era un delantero de toque exquisito y gran técnica, aunque su juego nunca fue adornado y con florituras, sino rápido y práctico. Sobrado de recursos para la conducción del balón, regateaba con gran habilidad para colocarse en disposición de pase o chut, y entraba bien al remate. Un gran talento.

MARC OVERMARS (1973) es un caso curioso en el fútbol contemporáneo. El extremo a pierna cambiada fue el sistema usado por el fútbol total para permitir la subida al ataque de los laterales e incrementar los efectivos preparados para el remate. En cambio El Correcaminos (Roadrunner) era un auténtico extremo izquierdo que se pegaba a la banda y realizaba carreras centelleantes para luego centrar con su pierna buena, que era la derecha, gracias a su habilidad para pararse de forma inmediata, pero también en carrera gracias a su excelente manejo de la zurda. Y avanzar por el lado izquierdo del terreno le permitía encarar el área para chutar a puerta.
Desde su llegada al Ajax en 1992, con apenas 19 años, Overmars empezó a ser importante y fue en el equipo holandés donde alcanzó su mayor éxito, la Champions de 1995. Allí es donde pudo desarrollar su estilo de extremo diestro por la izquierda, basado en las arrancadas fulgurantes, los cambios de ritmo y los regates, con su cuerpo chaparro y sus piernas cortas y musculadas. Al otro lado, un  extremo talentoso y de gran habilidad, Finidi, y más al centro los atacantes todoterreno de calidad: Littmanen y Ronald de Boer, amén del jovencito Kluivert, que salió del banquillo para marcar el gol decisivo en la final europea.
En 1997 se marchó al Arsenal, donde ganó la Premier y la Copa de 1998 junto a su compatriota Bergkamp. Tras tres buenas temporadas, en el año 2000, el Barça le ficha junto a su compañero en los gunners, Petit, para sustituir a Figo, que se acababa de ir al Madrid. Esas expectativas de ocupar el lugar de un  jugador tan talentoso y, sobre todo, las lesiones, marcaron la carrera de Overmars en Barcelona, donde combinó grandes actuaciuones con partidos flojos y ausencias debidas a problemas físicos, que provocaron su retirada en 2004, con apenas 31 años. Aunque luego en el 2008 tuviese una breve reaparición en el Go Ahead para ayudar al equipo del que era director técnico.
El Correcaminos es uno de los mejores y más veloces  extremos de los últimos 25 años.

EL SUAVE PERFUME DE LA MEJOR COLONIA

PIERRE LITTBARSKI (1960) era el extremo alemán con nombre francés, apellido polaco y, se decía, juego sudamericano, porque la genialidad y la fantasía eran sus grandes marcas registradas.Chiquito, 168 cm, y delgadito, era un jugador con un precioso regate en carrera, una conducción magistral y un fútbol imprevisible y lleno de imaginación. Con apenas 20 años realizó una jugada que da idea de su estilo, cuando se hizo un largo autopase, corrió por fuera del campo, pasó por detrás del entonces juez de línea (ahora los llaman árbitros asistentes) y recogió la pelota justo antes de llegar a la línea de fondo. Tenía tanta facilidad para el dribbling que abusaba de él, aunque en ocasiones eso le sirvió para conseguir goles extraordinaruios, como el que fue elegido el mejor de 1985 en la Bundesliga. Fue el ídolo de Colonia, en cuyo club jugó durante 13 temporadas, casi toda su carrera, con la excepción del año en el Racing de París tras el Mundial del 86 y su final en Japón. Y era ídolo por su clase, porque el aficionado siempre esperaba algo especial y divertido de él, aunque a veces desesperase a su entrenador
Extremo y mediapunta creativo, tuvo una larga trayectoria con la selección alemana, en la que jugó 73 partidos entre 1981 y 1990, año en que la dejó tras ser campeón del Mundo. Antes había sido finalista dos veces, en 1982, donde realizó un magnífico campeonato y fue elegido en el once ideal, y en 1986, con una actuación personal menos brillante. Durante una década, Litti fue el contrapunto genial y rompedor al poderío de delanteros como Hrubesch, la eficaz seriedad de Voeller, la chispa brillante de Klinsmann o la sobria calidad del gran Rummenigg y de Andy Moller. Un ala de dibujos animados.

El ídolo y capitán del Colonia justo hasta la llegada de Littbarski, fue HEINZ FLOHE (1949), extremo y centrocampista que estuvo en la selección campeona de 1974, pero como uno de los últimos reservas, y fue uno de los mejores jugadores alemanes en el Mundial del 1978 y en la Eurocopa de 1976. Con el equipo renano ganó la Bundesliga de 1978, pasando por encima del Borussia Moenchendladbach y del Bayern Munich, los grandes equipos germanos de la época. Siempre hizo gala de un juego creativo e inteligente, lleno de recursos gracias a la habilidad con el balón y sus relampagueantes fintas.

BALÓN DE ORO

Es el galardón que consiguió ALLAN SIMONSEN (1952), pequeño extremo danés  (165 cm), en 1977, tras ganar tres veces seguidas la Bundesliga con el Borussia de Moenchengladbach y marcar el gol de su equipo en la final de la Copa de Europa perdida frente al Liverpool. Tiene el curioso récord de ser el único jugador que ha marcado en las finales de las tres antiguas competiciones europeas, porque también anotó dos goles en la Uefa ganada por el Borussia en 1975 frente al Twente y el gol de la victoria en la de 1979 frente al estrella Roja, y en 1982 marcó igualmente el definitivo 2 a 1 con el que el Barcelona ganó la Recopa contra el Standard de Lieja. Al Barça había llegado en 1979, y jugó tres buenas temporadas junto a Krankl primero y Schuster (y Quini) después, pero tuvo que dejar el equipo porque Núñez había fichado a Maradona y entonces sólo podían jugar dos extranjeros. Listo hábil, ratonil, buen pasador, técnico y capaz de marcar con el pie y con la cabeza (como en la mencionada final de 1982) Simonet fue pieza clave de un Borussia que le ganó tres ligas seguidas, 75, 76 y 77, al mejor Bayern Munich de Beckenbauer, superando en popularidad, dentro del equipo entrenado por Weisweiler, a compañeros de la fama de Stielike, Heynckes, Bonhoff y Vogts.Tras el Barça estuvo un año en Inglaterra y el resto de su carrera lo pasó en el Velje danés. Un extremo listo, rápido, con muy buena llegada y, sobre todo, con mucha calidad.
JESPER OLSEN (1961) fue el sucesor de Simonsen como mejor extremo izquierdo danés. También chiquito (1'68), era ante todo un extraordinario regateador, lleno de habilidad y capacidad ratonil para escaparse de los defensas y poder servir los pases a sus delanteros, o incluso colarse hasta la cocina y acabar él la jugada. Se hizo famoso en el Ajax, donde jugó de 1981 a 1984, y en cuya primera época coincidió con Cruyff, con quien protagonizó uno de los penaltis más raros que se hayan visto. El genio holandés, en lugar de chutar a puerta, tocó hacia la izquierda, allí apareció Olsen, que le devolvió la pelota para que Cruyff marcase a puerta vacía. Tras el Ajax jugó en el Manchester United durante cuatro temporadas, y de allí a Francia. "El Intocable", por su habilidad en el dribbling, participó en la "Dinamita danesa" del Mundial 86 en un excelente ataque junto a Laudrup y Elkjaer.

PRECISIÓN POLACA Y EFICACIA AUSTRÍACA

ROBERT GADOCHA (1946) era el extremo izquierdo rápido y buen centrador de la mejor selección polaca de la historia, que ganó los Juegos Olímpicos de 1972 y fue tercera y máxima anotadora en el Mundial de 1974, ambos disputados en Alemania. Gadocha era el principal suministrador de balones aéreos para el delantero centro Szarmach y para Lato, máximo goleador del torneo, y componía una pareja equilibrada y llena de calidad con Deyna, el mediapunta creativo, en la que uno era más talentoso y exquisito en el pase y la distribución, mientras Gadocha se movía con soltura y velocidad en la banda para servir asistencias a todo el ataque, cosa que le valió ser incluido en el once ideal del Campeonato. Una idea de su importancia la da el hecho de que el hombre elegido para marcarle en el partido clave que daba acceso a la final del Mundial fue Berti Vogts, el mismo que unos días después se hizo cargo del marcaje de Cruyff. El principal club de su carrera fue el Legia de Varsovia.
WALTER SCHACHNER (1957) formó con el goleador Krankl una de las mejores parejas de ataque que haya tenido la selección austríaca en los últimos 40 años. Veloz y listo, tuvo una magnífica actuación con sólo 21 años en el Mundial del 78, y fue él quien marcó el gol de la derrota de España en el debut de ambos equipos, aunque en su país se recuerda más la actuación frente a Alemania. Tras el fichaje de Krankl por el Barça, Schachner fue durante dos temporadas el máximo goleador de la liga austríaca, antes de empezar su periplo por Italia en 1981, país en el que estuvo hasta 1988 con un  buen rendimiento gracias a su rapidez, habilidad y buen disparo, pero nunca volvió a tener unas cifras goileadoras similares a cuando jugaba en el Austria de Viena.




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