viernes, 23 de diciembre de 2011

Elegidos para la gloria (IV). Fantasisti

Así es como llaman los italianos a los mediapuntas creativos y talentosos. En este capítulo trataré a dos azzurri, Baggio y Totti, y dos jugadores de la antigua Yugoslavia, Savicevic y Stojkovic.

ROBERTO BAGGIO Rizzoti (1967) fue el jugador italiano más imaginativo y genial desde Rivera (finales de los 60). Era distinto a los demás de su país, un hombre alejado de la disciplina y lleno de regates y acciones imposibles. Empezó a ser conocido internacionalmente por su participación en el Mundial de 1990, donde entró como suplente y sorprendió con un golazo frente a Checoslovaquia. Para entonces Il Divino ya era una de las grandes estrellas del Calcio, gracias a sus dos magníficas últimas temporadas en la Fiorentina, donde había superado todas las genialidades de Antognoni (la estrella viola de principios de los 80). La Juventus lo fichó en 1990 y allí continuaron los éxitos individuales, culminados en 1993 con el Balón de Oro y el Fifa World Player tras ganar con su equipo la Copa de la Uefa.
Tras seis temporadas al máximo nivel, Baggio llegaba al Mundial del 94 en la cumbre de su carrera. Después de una triste primera fase, Il Codino se convierte en el jugador más desequilibrante de las eliminatorias al marcar los dos goles a Nigeria en Octavos, el gol decisivo contra España en cuartos (esos dichosos cuartos de final con error de Salinas incluido) y los dos goles contra la sorprendente Bulgaria de Stoichkov en semifinales.La final frente a Brasil fue aburrida, como le interesaba a Italia, y llegaron a la tanda de penaltis. Entonces tuvo lugar la acción más importante de su carrera: Roberto falló la pena máxima decisiva y se quedó sin Mundial.
La gloria se le escapaba y empezaba una etapa llena de altibajos en su carrera, con enfrentamientos con sus entrenadores que le llevaron a dejar la Juventus en 1995 para ir al AC Milan, en 1997 al Bolonia (donde recupera su poder goleador), en 1998 al Inter y en el 2000 su etapa final de cuatro temporadas en el Brescia. Il Codino d'Oro alternaba actuaciones geniales con partidos mediocres, porque a veces descuidaba su forma y, sobre todo, por faltas de concentración. Baggio se quedaba un peldaño por debajo de lo que su talento merecía y apuntaba en todos sus años de juventud por falta de continuidad en la segunda parte de su carrera.


Caldogno (por su lugar de nacimiento) supo ser la mezcla perfecta del mediapunta y el segundo delantero, una posición muy agradecida en Italia porque le permitía conectar con el delantero único (por ejemplo, Vieri, en el Mundial de 1998 o Schilacci en el del 90) al tiempo que le daba la oportunidad de marcar como a él le gustaba, sea con sus prodigiosos lanzamientos de falta, sus habituales disparos rasos desde la frontal del área, o en las jugadas individuales regateando contrarios, fueron más de 300 goles en su carrera. Un auténtico crack al que le faltó continuidad y seriedad.

FRANCESCO TOTTI (1976), a diferencia de Roberto Baggio, ha sido siempre un jugador ligado a un único club, la Roma, donde debutó en 1993 y allí sigue, batiendo récords, como los de ser el máximo goleador histórico del club capitalino, y máximo goleador en activo de la serie A. Durante estos años ha combinado los puestos de mediapunta, segundo delantero e, incluso, delantero centro, aprovechando su capacidad goleadora, que le convirtió en capocannonieri de la temporada 2006-2007. Sin llegar a ser nunca una gran estrella mundial, Totti es uno de los mejores atacantes azzurri de los últimos años, cosa que le ha valido para ser elegido dos veces mejor jugador de la serie A (torneo que sólo ganó una vez, en 2001, con Batistuta de compañero de ataque) y cinco veces mejor jugador italiano. La principal característica de su juego es el equilibrio y la fuerza, Totti lanza bien las faltas, chuta con potencia y entra de cabeza con decisión; no es un jugador genial, pero domina casi todas las facetas del ataque. Fue campeón del mundo en 2006, pero como suplente, porque los titulares eran Del Piero y Luca Toni.
DEJAN SAVICEVIC (1966), nacido en la actual Montenegro (antigua Yugoslavia), fue una de las piezas claves del AC Milan de los años 90, el sucesor en el estrellato del equipo de Van Basten y Gullit. Il Genio ya había mostrado sus cualidades de buen pasador y magnífico creador de juego en el Estrella Roja de Belgrado, con el que consiguió la Copa de Europa de 1991 y las ligas del 90, 91 y 92. En ese momento fichó por los rossoneri para iniciar una exitosa etapa de seis temporadas, en las que hay que destacar la Champions de 1994 y el Scudetto en 1993, 94 y 96. Savicevic era el contrapunto de talento y capacidad creativa que necesitaba el juego rácano del entrenador Capello para resultar eficaz, y bien que lo pudo comprobar el Barça de Cruyff con el 4-0 que le endosaron en la final europea del 94, incluyendo un golazo de Il Genio con una vaselina de 30 metros sobre Zubi. Savicevic era la mezcla inteligente del centrocampista ofensivo y el mediapunta.
DRAGAN STOJKOVIC (1965) fue la principal figura yugoslava de finales de los ochenta y principios de los noventa. En España supimos de él más que nunca en los octavos de final del Mundial de 1990, cuando sus goles y acciones eliminaron a nuestra selección. Fue campeón de la Champions en 1993 con el Marsella, equipo en el que tuvo una actuación muy discreta por sus problemas físicos. Antes sí se había asentado como una de las grandes figuras de la historia del Estrella Roja de Belgrado. Era un jugador especialista en el lanzamiento de falta (así nos echó del Mundial), muy técnico e imaginativo.










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