El Matador era como se conocía a MARIO ALBERTO KEMPES Chiodi (1954) el campeón y máximo goleador del Mundial 1978 celebrado en su país, Argentina. Marito ya formaba parte de la selección albiceleste que acudió al Mundial del 74, cuando apenas había cumplido la veintena, y fue tres veces máximo goleador con Rosario Central antes de fichar por el Valencia en 1976. En la liga española su impacto fue inmediato, con dos Pichichis en sus primeras dos temporadas. El Matador hizo gala sobrada de su fama, con un disparo magnífico y una fuerza arrolladora que le permitía aguantar las entradas de los defensas hasta que llegaba el momento de conectar el remate. Era veloz y listo, llevaba bien la pelota y apoyaba al resto del ataque, recortaba con habilidad, pero sin florituras, siempre dispuesto a chutar con potencia y precisión, en una especie de latigazo muy característico que le permitió ser uno de los grandes goleadores mundiales de la década.
Menotti era entonces el seleccionador albiceleste y un hombre de normas claras y verbo fácil. Llevaba años preparando a su equipo a conciencia, y una de las reglas más inamovibles era que no acudía a ninguna de las estrellas que jugaban en Europa, la única excepción era, precisamente, Kempes. Tan férreas eran sus reglas que se negó a convocar a la verdadera sensación de la liga, el muchachito que estaba asombrando a todo el país en Argentinos Juniors desde hacía año y medio, Diego Armando Maradona. Por mucho que presionasen la prensa y los aficionados él era rotundo: ya tenía a sus elegidos y nadie le haría cambiar de opinión.
En el Mundial hubo un momento clave para Kempes, el partido contra Polonia, selección que les había vencido en el 74. El Matador no había marcado en la primera fase pese a un par de remates tremendos, pero contra los polacos avanzó a su equipo de cabeza en un partido muy difícil. Entonces llegó la jugada decisiva, cuando ve a su portero Fillol superado por el remate de Lato, máximo goleador cuatro años antes, y hace una espectacular parada encima mismo de la línea. Hoy en día eso le hubiese supuesto la expulsión directa y dos partidos de sanción, pero entonces era sólo objeto de amarilla. Fillol detuvo el penalty de Deyna, y Kempes volvió a marcar en la segunda parte, en su jugada más tradicional, recorte al defensa y zurdazo colocado. Reglas que marcan la historia.
Tras el empate a nada con Brasil, Marito y Argentina necesitaban cuatro goles frente a Perú para ir directos a la final. El equipo andino tenía un portero argentino y pagado, Quiroga, y Menotti, viendo su oportunidad, salió al ataque total con un equipo plagado de delanteros, con lo cual no fueron cuatro, sino seis, los goles que les cayeron a los peruanos, dos de ellos de Marito. Por fin, en la final, Kempes fue más Matador que nunca. Anotó un primer gol marca de la casa, zurdazo colocado, pero Holanda empató con un cabezazo del gigante Naninga a nueve minutos del final e incluso estuvo a punto de ganar con el remate de su estrella, Rensenbrink, al palo en el último suspiro. En el descanso de la prórroga el Flaco Menotti arengaba a los suyos diciéndoles que a la naranja mecánica se le habían acabado las vitaminas, "están muertos", "toquen y los volverán locos". Y quien supo exprimir el zumo fue, cómo no, el Matador Kempes, en una jugada llena de fuerza y barullo en la que avanza a trompicones, lucha, chuta, y aprovecha el rebote de forma épica con la suela. Gol, Holanda sabe que se han acabado sus esperanzas y Argentina mete el tercero. Kempes acaba como máximo goleador y llega a la cima de su carrera.
Un artículo hablaba de ese segundo tanto en la final como "el gol que casi mata al Matador", porque en la temporada siguiente bajó su rendimiento y no volvió nunca a ser máximo goleador, aunque fue entonces cuando llegaron los títulos de clubs, con la Copa del 79 y la Recopa de 1980, en su última buena temporada, porque metió 22 goles en la liga y 9 en 9 partidos europeos. Un año después, tras una temporada decepcionante, volvió a Argentina con River Plate en un supuesto gran traspaso (300 millones de pesetas de 1981) que se quedó en mucho menos porque los millonarios sólo lo eran de nombre comparados con los equipos europeos, y Kempes tuvo que volver a Valencia en 1982, tras el Mundial de España. Mario Alberto no volvió nunca al mismo nivel de juego y goles e inició pronto un largo periplo decadente en equipos menores.
Kempes fue un ídolo en Rosario Central, en toda Argentina y en un Valencia algo desafortunado al no obtener ningún título de liga a pesar de que fue contratando a grandes compañeros de delantera para su estrella, como el Lobo Diarte, Johnny Rep o Fernando Morena. El Matador, en sus años de juventud, fue un ejemplo de lo que debe ser un segundo delantero: se apoyaba en todos los jugadores de ataque, entraba desde atrás, remataba de cabeza, porfiaba con la defensa, regateaba y, sobre todo, chutaba de fábula. Uno de los grandes en su posición.
JORGE VALDANO Castellanos (1955) fue campeón del mundo con Argentina en 1986, en cuya final marcó el segundo gol. El Poeta, de verbo prolijo y juego extraordinariamente inteligente, pasó casi toda su carrera en España, adonde llegó en el verano de 1975, cuando no había cumplido 20 años, para jugar con el Alavés. De allí al Zaragioza en 1979 y al Real Madrid en 1984, club en el que se retiró en marzo de 1987, cuando todavía tenía 31 años, debido a una hepatitis. Fue reserva en el Mundial del 82, y titular de la delantera argentina en 1986, formando tripleta con el mejor Maradona y con Burruchaga. Allí tuvo una buena actuación, con cuatro tantos, cifra apreciable para un jugador que nunca fue un goleador (su mayor registro fueron 17 en la liga 84-85), sino el perfecto complementto para el ataque de cualquier equipo, gracias a que sabía leer los movimientos de la defensa para combinar como nadie con los mediapuntas y los delanteros, no en vano fue llamado Valdanágoras.
A CLAUDIO CANIGGIA (1967) le pusieron el mismo apodo que había popularizado unos años antes Carl Lewis, "El Hijo del Viento". Eso da una idea clara de cuál era la principal característica de este delantero, una velocidad endiablada. Sus actuaciones más recordadas llegaron el el Mundial de 1990, cuando Argentina aburría y batallaba hasta llegar a la final que perdió frente a Alemania por un penalty polémico. Sus dos goles fueron, tal vez, los más importantes del torneo, ya que uno sirvió para derrotar a Brasil en octavos y el segundo, crucial, permitió empatar en semifinales contra la anfitriona Italia. El Pájaro era un muy discretito goleador, marcaba un tanto cada tres partidos, pero en cambio volvía locas a las defensas contrarias con su increíble rapidez (véase en el vídeo las imágenes del partido contra Camerún), su dinamismo y capacidad de desborde.
En su país jugó con los dos grandes rivales de la capital, River Plate (1985-88) y Boca Juniors (95-98), mientras que en Europa tuvo un largo periplo de siete temporadas en Italia, una estancia fugaz en el Benfica y un tres años por Escocia. Tras su gran actuación en el Mundial de Italia, haciendo pareja con Maradona, fue campeón de la Copa América de 1991 sin Diego, pero formando un magnífico tridente en el que Leonardo Rodríguez ponía el fútbol, Caniggia desbordaba por velocidad a los rivales y Batistuta marcaba los goles. El Hijo del Viento mostró que se podía ser un segundo delantero espectacular y desequilibrante sin un gran olfato de gol.
CLAUDIO "EL PIOJO" LÓPEZ (1974) fue uno de los mejores delanteros de la liga española durante la segunda mitad de los 90 y se convirtió en el azote del Barça de Van Gaal, al que marcó 12 goles jugando con el Valencia, en el que militaba con otro especialista contra el Barcelona, Gaizka Mendieta. El Piojo, que fichó por los ches procedente del Racing de Avellaneda al entrar en vigor la sentencia Bosman en 1996, era un zurdo hábil y goleador, capaz de regatear con inteligencia y de rematar con enorme precisión. Su mejor temporada fue la 98-99, en la que marcó 21 goles en la liga y ganó la Copa del Rey. En el año 2000 lo fichó la Lazio, pero en Italia no desarrolló el mismo juego ofensivo; siguió su carrera en 2004 en Méjico y acabó en Estadoa Unidos. Era rápido, habilidoso, con capacidad de desborde, buenos pases y, sobre todo, muy peligroso en el remate con la zurda.
Javier Pedro SAVIOLA Fernández (1981) es un jugador que parecía destinado a tocar el cielo en su primera juventud, pero cuya carrera ha ido en descenso desde que tenía apenas 23 años. Antes de los 18 años ya había alcanzado la fama y los triunfos con River Plate, donde formaba una dupla de oro con Pablito Aymar, que le llevó a ser escogido "Rey de América" de 1999 por el diario uruguayo El País, que otorga este galardón anual al mejor jugador del continente. En 2001 el Conejo fue campeón, máximo goleador y mejor jugador del Mundial Juvenil con Argentina, y fue fichado por el Barça. Allí tuvo un rendimiento aceptable, pero no tenía fácil el acceso a la titularidad y eso fue minando poco a poco su moral, especialmente al ser cedido al Mónaco en el 2004, tras ser oro olímpico en Atenas, cuando el Barça fichó a Eto'o. Luego llegó la cesión a Sevilla sin gran éxito, vuelta al Barça como suplente y estancia en Madrid sin casi jugar en dos temporadas. Su único momento de recuperación fue en la temporada 2009-2010 en el Benfica, donde fue elegido mejor jugador de la liga portuguesa, a pesar de tener problemas físicos. Saviolita, (1'68 mt) es un delantero rápido, muy hábil en el regate y en la colocación., y con muy buen remate, pero es una lástima que su carrera no haya llegadio ni a la mitad de lo que apuntaba cuando jugaba en Argentina.
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