ANDRYI (o Andrei) SHEVCHENKO (1976) es el segundo goleador histórico de un grande de Europa, el A.C. Milan y uno de los mejores delanteros del fútbol contemporáneo (el que se inicia en la temporada 1996-97 con la sentencia Bosman). Formando pareja con Rebrov, causó sensación en Europa con sólo 21 años al meterle tres goles al Barça de Van Gaal en un partido de Champions.(1997-98) y al año siguiente eliminaron al Madrid en cuartos de final (1998-99). La gloria esperaba en Milán, que le fichó en 1999, pero ya antes había demostrado buena parte de su arsenal de juego completo: oportunismo, habilidad, regate, velocidad y desborde en el contraataque, una derecha imponente para chutar desde dentro y fuera del área, juego de cabeza y capacidad de pase. Una verdadera estrella desde su primera juventud.
Sheva no necesitó adaptación alguna al Calcio, sino que triunfó de inmediato, siendo capocannonieri en su primera temporada con 24 goles en la Serie A, cifra que repetiría la temporada siguiente y también en 2004 (su segundo trofeo de máximo anotador), año en el que consiguió el Balón de Oro. Formó un temible dúo de ataque con un gran ratón de área, Inzaghi, y más adelante una pareja plena de dinamismo con el joven Kaká. Ganó la Champions de 2003. En el club lombardo consiguió fama mundial y se asentó como uno de los grandes delanteros de principios de siglo, siendo denominado el Ronaldo Blanco. Shevchenko desbordaba por velocidad y superaba con habilidad a la defensa, era listo y, sobre todo, sabía ganarle la espalda al defensa, colocarse y chutar espléndidamente. Y supo adaptarse como nadie a su equipo.
Tras el Mundial de 2006, el único que ha jugado con Ucrania y donde Italia les eliminó en cuartos, fichó por el Chelsea de Abramovic por 45 millones de euros. Shevchenko cumplía 30 años a principios de temporada y el club inglés parecía tenerlo todo para su asalto a Europa. A su magnífico plantel, encabezado en ataque por Drogba y Lampard, unía a una de las grandes estrellas del Calcio, el propio Sheva, y al mejor jugador de Alemania, Michael Ballack. Pero ambos tuvieron problemas físicos y de adaptación y nunca han vuelto al mismo nivel que habían tenido hasta entonces. Curiosamente, quien volvió a ganar la Champions en 2007 fue el Milan y en la Premier el dominio pasó a manos del Manchester United. La única alegría del delantero ucraniano fue su buen papel en la Copa.
En 2009, tras tres años frustrantes (incluida su cesión de vuelta a Milán), Shevchenko volvió a su país para pasar el final de su carrera, que llegará después de la Eurocopa del vernao que viene, 2012, de la que Ucrania es coorganizadora con Polonia. Será el final de una de las mejores carreras de un jugador nacido en un país eslavo.
EL TRIUNFO DEL CARÁCTER
HRISTO STOICHKOV (1966) fue el temperamento hecho futbolista. Su carácter agresivo y protestón le proporcionó muchos disgustos en forma de tarjetas y sanciones, pero en más ocasiones supo encauzarlo para hacer de él un jugador incansable e imparable, la viva imagen de la rabia y la fuerza de cara al gol. Su especialidad era el disparo con la zurda en carrera, soprendía al defensa encarándolo o le ganaba la espalda en el contraataque, iniciaba una carrera fulgurante, driblaba si hacía falta y zurdazo tremendo y colocado.a puerta. Porfiaba con la defensa, robaba balones y peleaba, arengaba a los compañeros, pasaba a los demás delanteros y entraba al remate con fuerza y decisión tanto con el pie como con la cabeza. Ese carácter indomable le convirtió en ídolo de su afición y objeto de polémica entre los contrarios. Un espectáculo.
El Barcelona lo fichó en 1990, el año en que fue Bota de Oro igualado con Hugo Sánchez con 38 goles en la liga búlgara marcados en el CSKA de Sofía, que se había enfrentado un año antes al Barça (en las semifinales de la Recopa 89 ganada por los azulgrana). Allí fue donde Cruyff le echó el ojo y empezó a pensar que podía ser la guinda que necesitaba su equipo para acabar con el dominio del Madrid. Su llegada a nuestra liga fue marca de la casa, es decir, cualquier cosa menos discreta, porque cuando apenas habían transcurrido tres meses, el 5 de diciembre de 1990, durante la Supercopa frente al Madrid, le propinó un pisotón al árbitro Urízar Azpitarte, por haberle expulsado y tuvo que perderse un par de meses de competición, pero a la vuelta ya se había ganado el corazón de la culerada.
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EL TRIUNFO DEL CARÁCTER
HRISTO STOICHKOV (1966) fue el temperamento hecho futbolista. Su carácter agresivo y protestón le proporcionó muchos disgustos en forma de tarjetas y sanciones, pero en más ocasiones supo encauzarlo para hacer de él un jugador incansable e imparable, la viva imagen de la rabia y la fuerza de cara al gol. Su especialidad era el disparo con la zurda en carrera, soprendía al defensa encarándolo o le ganaba la espalda en el contraataque, iniciaba una carrera fulgurante, driblaba si hacía falta y zurdazo tremendo y colocado.a puerta. Porfiaba con la defensa, robaba balones y peleaba, arengaba a los compañeros, pasaba a los demás delanteros y entraba al remate con fuerza y decisión tanto con el pie como con la cabeza. Ese carácter indomable le convirtió en ídolo de su afición y objeto de polémica entre los contrarios. Un espectáculo.
El Barcelona lo fichó en 1990, el año en que fue Bota de Oro igualado con Hugo Sánchez con 38 goles en la liga búlgara marcados en el CSKA de Sofía, que se había enfrentado un año antes al Barça (en las semifinales de la Recopa 89 ganada por los azulgrana). Allí fue donde Cruyff le echó el ojo y empezó a pensar que podía ser la guinda que necesitaba su equipo para acabar con el dominio del Madrid. Su llegada a nuestra liga fue marca de la casa, es decir, cualquier cosa menos discreta, porque cuando apenas habían transcurrido tres meses, el 5 de diciembre de 1990, durante la Supercopa frente al Madrid, le propinó un pisotón al árbitro Urízar Azpitarte, por haberle expulsado y tuvo que perderse un par de meses de competición, pero a la vuelta ya se había ganado el corazón de la culerada.
Sin llegar a las imponentes cifras goleadoras de sus últimas temporadas en Bulgaria, en el Barça su juego se hizo más desequilibrante y completo, y fue pieza imprescindible del Dream Team de Johan Cruyff, ganador de cuatro ligas consecutivas y de la Copa de Europa de 1992. Al entrenador holandés le gustaba ponerlo de falso extremo para aprovechar su enorme rapidez y potencia, aunque él había estado más acostumbrado a pisar área de forma directa. Así perdía un poco de presencia ofensiva, pero ganaba capacidad de sorpresa y era la punta de lanza perfecta para la combinación, tanto con el magistral mediapunta Laudrup o el delantero Salinas, como para la llegada desde atrás de hombres de segunda línea, tipo Beguiristáin y Bakero.
Lo que cambió los esquemas de ataque azulgrana fue la llegada de Romario al equipo en la temporada 1993-94 porque la normativa de que sólo hubiese tres extranjeros en el campo (antes eran Koeman, Stoichkov y Laudrup) obligaba a Cruyff a dejar a una de sus estrellas sin jugar, y el principal sacrificado fue el genial pasador danés, pero de rebote también Julio Salinas, porque lo lógico es que la pareja de ataque culé fuesen Stoichkov y Romario. Un dúo que tuvo tan buenos resultados ese año que el brasileño se llevó el Fifa World Player y el búlgaro el Balón de Oro.
Esos premios no sólo los obtuvieron por la temporada con el Barça, sino por su gran actuación en el Mundial. Romario fue la estrella del campeón , Brasil, y Stoichkov el máximo goleador (igualado con Salenko), en una selección que fue la gran sorpresa al eliminar al anterior campeón, Alemania, y alcanzar las semifinales.
Pero lo cierto es que en el momento de la gloria llegó también el descenso. Romario cayó en el exceso de fiesta, Laudrup se marchó al Madrid y Zubi al Valencia por capricho de Cruyff, mientras que Stoichkov empezó a tener problemas de lesiones, a pesar de realizar una digna temporada. En 1995 lo fichó el Parma y no volvió a jugar al mismo nivel, ni allí, ni en su aclamada vuelta al Barça, en 1996, después de haber marcado los tres goles de Bulgaria en la Eurocopa, ni en el resto de su carrera. Hristo Stoichkov se convirtió en el símbolo deportivo de su país y es uno de los ídolos históricos de la afición azulgrana por su carácter vehemente e indómito, su barcelonismo que ha durado desde entonces y por el recuerdo inolvidable de garra, fuerza, goles y esa pasión contagiosa que siempre desplegó en el campo.
PAREJA POLACA
GRZEGORZ LATO (1950) y ZBIGNIEW BONIEK (1956) coincidieron en los Mundiales de 1978 y 1982 en la selección polaca, que en un caso llegó a la segunda fase y en España alcanzó el tercer puesto. Antes, en 1974, Lato había sido el máximo goleador del Mundial de Alemania, con siete tantos, incluido el que les otorgó la tercera posición frente a Brasil. Tenían un estilo de juego muy distinto. Grzegorz era un falso extremo derecho, que pasaba bien, pero al que le gustaba más entrar en el área, driblar en carrera y rematar que centrar. En cambio Boniek era más técnico, una especie de híbrido entre segundo delantero y mediapunta. En ambos casos hablamos de jugadores rápidos, pero es que a Lato (1'75 mt) se le llamaba "El más veloz de los veloces" porque era centelleante y ratonil con una aceleración que dejaba clavado al defensa, mientras que "Zibi" (1'81 mt) echaba mano de su buena zancada y su progresión en el contraataque.
También se diferenciaron en cuanto a su carrera porque a Lato no le dejaron fichar por ningún club extranjero hasta cumplidos los 30 años, hasta entonces había pasado toda su carrera en el Stal Mielec, donde fue dos veces máximo goleador, y se marchó a Bélgica primero y Méjico después. En cambio Boniek pudo fichar por la Juventus con 26 años, justo después de sus gran Mundial, para formar pareja de extranjeros con Platini, que le servía unos impresionantes pases largos para aprovechar su calidad en el contraataque, y tres años después se marchó a la Roma, donde se retiró a los 32. Ambos coincidían en tener un gran regate en carrera, aunque lo usaban de modo distinto porque Lato era un jugador más sobrio, práctico y oportunista, mientras que Boniek era más espectacular y brillante. La mejor pareja de ataque de Grzegorz fue su compañero de selección, el bigotudo delantero centro Szarmach, y la de Ziby el propio Lato y el mencionado Platini.
No hay duda de que el período 1972-1982 fue el mejor del fútbol polaco, y Lato y Boniek dos de sus grandes estrellas.
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IGOR BELANOV (1960) ganó el Balón de Oro de 1986 por su buen papel en el Mundial de Méjico con la Unión Soviética y en el Dínamo de Kiev, con el que ganó la Recopa de 1986 frente al Atlético de Madrid. Uno de sus compañeros de club era Oleg Blojin (o Blokhine), que había sido Balón de Oro en 1975 también tras haber ganado la Recopa. Belanov no era tan brillante ni talentoso como el veterano mediapunta y extremo, pero era un ejemplo de jugador práctico. La URRS realizó un juego ofensivo y goleador en el Mundial 86, y Belanov destacó sobremanera con sus seis asistencias y cuatro goles, tres de ellos en la derrota de su país en octavos de final frente a Bégica (3-4), un partido lleno de mala fortuna para los soviéticos, especialmente en el arbitraje.
DRAGAN DZAJIC (1946) fue el mejor goleador yogoslavo de la segunta mitad de los 60 y buena parte de los 70, principalmente en el Estrella Roja de Belgrado, y pese a que su demarcación teórica era la de extremo izquierdo. Se caracterizaba ante todo por la calidad en el regate y mucha habilidad que le permitían esos desbordes en el área, para así poder decidir entre pasar al compañero, suerte en la que era un maestro, o finalizar él mismo la jugada, cosa que hizo durante más de 300 ocasiones a lo largo de su carrera (que incluye tres temporadas en Francia). Su magnífica pierna izquierda le convertía también en un especialista en los tiros libres.
Rápido, habilidoso, pasador y buen jugador de equipo, Ihor falló un penalty en la final de la Eurocopa de 1988, perdida por la URSS ante la Holanda de Van Basten, Gullit, Rijkaard y Koeman, pero antes había demostrado su calidad al quedar primero de su grupo y eliminar a Italia en semifinales.
Predrag "PEDJA" MIJATOVIC (1969), montenegrino, ya había sido campeón mundial juvenil en 1987, dentro de un imponente ataque yugoslavo en el que también formaban Súker, Boban y Prosinecki. Su máximo nivel lo alcanzó en el Valencia, al que llegó en 1993, tras ser campeón de su país con el Partizán,. Fue el mejor jugador de la liga 1995-96, tras conseguir 28 goles y realizar una demostración de juego completo como mediapunta y segundo delantero. Entonces entró en vigor la sentencia Bosman y todos los equipos pudieron añadir a más y más extranjeros en sus filas. Uno de ellos fue el Real Madrid, que venía de un año desastroso en el que no se clasificó para Europa, y fichó a ocho foráneos, entre ellos Súker, procedente del Sevilla y el valencianista Mijatovic.
En el Madrid de Capello la pareja de la ex Yugoslavia formó con Raúl un trío magnífico. El tanto más famoso de Pedja fue el 1-0 definitivo de la final de la Champions de 1998, polémico al ir precedido de fuera de juego. A pesar de estar a buen nivel, Mijatovic no alcanzó nunca más la finura, brillantez y eficacia exhibidos en el Valencia del 96, y en 1999 fué traspasado a la Fiorentina, donde inició la cuesta abajo de su carrera. Era un jugador talentoso, con buen toque del balón, regate en corto y largo, un disparo excelente con rosca, y su manejo y precisión le permitían centrar y pasar con la habilidad de un volante ofensivo. Un atacante excelente.
DRAGAN DZAJIC (1946) fue el mejor goleador yogoslavo de la segunta mitad de los 60 y buena parte de los 70, principalmente en el Estrella Roja de Belgrado, y pese a que su demarcación teórica era la de extremo izquierdo. Se caracterizaba ante todo por la calidad en el regate y mucha habilidad que le permitían esos desbordes en el área, para así poder decidir entre pasar al compañero, suerte en la que era un maestro, o finalizar él mismo la jugada, cosa que hizo durante más de 300 ocasiones a lo largo de su carrera (que incluye tres temporadas en Francia). Su magnífica pierna izquierda le convertía también en un especialista en los tiros libres.
Tiene el récord de internacionalidades con la antigua Yugoslavia, 85, (53 como capitán), que incluyen la participación en el Mundial de 1974 y las Eurocopas de 1968 y 1976. "Dzaja" es uno de los mejores jugadores balcánicos de todos los tiempos.
Zdenek NEHODA (1952) fue la segunda estrella del equipo que ganó la Eurocopa de 1976, tras vencer a las dos grandes selecciones de su tiempo. Checoslovaquia, que había eliminado a la URSS en cuartos, parecía destinada a la derrota segura frente a la Holanda de Cruyff, pero vencieron en la prórroga por 3 a 1, con un gol de Nehoda. En la final esperaba Alemania, campeona del Mundo, con su conocida capacidad de reacción. Aunque los checos se avanzaron con dos goles, los germanos consiguieron empatar y se llegó a la tanda de penaltis, uno de ellos anotado por Nehoda. El alemán Hoeness falló el noveno y Panenka consiguió el de la victoria con la pena máxima más famosa de la historia.
En la Eurocopa de 1980, Checoslovaquia volvió a ganar una tanda de penaltis, la del tercer puesto frente a Italia. Nehoda volvió a marcar el segundo y Panenka el quinto, pero esta vez se necesitaron 17 para que Collovati fallase el suyo. Nehoda jugaba como falso extremo, con tendencia a irse al centro para intentar marcar el gol. El equipo de su vida fue el Dukla de Praga.
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