viernes, 11 de noviembre de 2011

El Día de la Bestia (VI): Con sabor a Pichichi

En la temporada 1973-1974 la liga española reabrió la competición a dos extranjeros sin restricciones, cosa que en cierto modo supuso la confirmación del fútbolo moderno en nuestro país (fue el año en que llegó Cruyff). Desde entonces los dos jugadores que dominaron el Trofeo Pichichi fueron un asturiano y un mejicano, Quini y Hugo Sáchez, con cinco títulos cada uno. Ellos serán los primeros protagonistas de este sexto capítulo sobre delanteros centro modernos, en el que también aprovecharé para mencionar al chileno Zamorano y a tres nueves españoles: Santillana, Salinas y Morientes.

HUGO SÁNCHEZ Márquez (1958) llegó al Atlético de Madrid en 1981 procedente del equipo de la UNAM de Méjico, donde ya había conseguido un par de trofeos de máximo goleador en su país. Tuvo problemas de lesiones y adaptación a la liga española, pero poco a poco fue cogiéndole el tono a la competición hasta proclamarse Pichichi  en la temporada 1984-85. Entonces lo ficha el Real Madrid e inicia su impresionante racha de cuatro trofeos de máximo goleador en cinco años, culminados con la Bota de Oro en 1990 (compartida con  el búlgaro Stoichkov; que la consigue en su país;entonces no había coeficientes). Sus 38 goles de esa liga tienen  la particularidad de ser conseguidos con un golepo, es decir, sin ningún regate previo, en una exhibición única de poderío rematador.
 Y es que El Manito era un matador completo e insaciable. Chutaba durísimo con su zurda en jugada, de falta y de penalty, remataba de cabeza como nadie tanto por arriba como lanzándose en plancha, era oportuinista en distancias cortas y su marca registrada eran las goles acrobáticos, en las que ha sido una de los mayores especialistas de la historia. Tenía tanta facilidad para las chilenas y tijeras que las llamaban huguinas.
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Tras su extraordinaria campaña de 1989-90, ya con 32 años, resurgieron sus problemas de lesiones y empezó el declive de la carrera de Hugol, que dos temporadas después abandonaba el equipo blanco y empezaba un periplo de cinco te poradas en diferentes equipos y países sin poder reencontrar nunca su juego.Poco importa, porque su trayectoria (que incluye la participación en tres Mundiales) nos deja la extraordinaria cifra de 510 goles oficiales, casi todos ellos celebrados con su espectacular voltereta,  y, sobre todo, la estampa de un nueve implacable, fantástico rematador, que merece un lugar entre los diez mejores delanteros centro goleadores de lols últimos 35 años.

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Enrique Castro González, QUINI (1949) consiguió durante su carrera cinco trofeos Pichichi en primera división y dos en segunda, lo que da una perfecta idea de su magnífica capacidad goleadora. Era hábil, tenía buena técnica y hacía gala de un magnífico posicionamiento propio del delantero con olfato; El Brujo tenía una facilidad natural para estar en el lugar preciso en el momento adecuado y resolvía con enorme calidad. Asturiano de nacimiento, el club de su vida fue el Sporting de Gijón, aunque los grandes empezaron a llamar a su puerta cuando consiguió su primer título de máximo goleador de Primera, en 1974 (antes lo fue en Segunda en 1970). Pero entonces existía una claúsula sobre el derecho de retención y Quinocho tuvo que seguir marcando goles en Asturias (máximo goleador de Segunda en 1976, y de Primera en 1977 y 1980) hasta que su Sporting aceptó traspasarlo al Barça. Con los azulgrana consiguió dos Pichichis más, en 1981 y 1982, año en que jugó su segundo Mundial (también estuvo en el de 1978, en las fallidas eliminatorias del de 1974 y en las Eurocopas de 1976 y 1980). Volvió a Gijón en 1984 y se retiró definitivamente en 1987.

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Quini sufrió un secuestro a punta de pistola en marzo de 1981 que duró 25 días y puso a prueba la capacidad de organización de las policías de España y Suiza. Al final se resolvió felizmente y El Brujo pudo seguir demostrando su enorme facilidad para ver el gol en cuanto pisaba el área contraria que le convierte en uno de los mejores delanteros que ha tenido el fútbol español de los últimos 40 años.

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Iván ZAMORANO (1967), chileno, fue Pichichi en 1995 jugando con el Real Madrid (en 1990 lo había sido en Suiza), adonde había llegado en 1992 tras dos temporadas en Sevilla. Bam Bam era un cabeceador extraordinario sin necesidad de una gran altura, 1,78, gracias a su fuerza y habilidad para el salto. Además contraatacaba de maravilla por su buen instinto para desmarcarse, su velocidad y su facilidad en la definición final, que le convirtieron en uno de los mejores delanteros de nuestra liga en los años 90. Consiguió un total de 321 goles en su carrera profesional (uno de ellos en la final de la UEFA de 1998 con el Inter de Milán, donde formó pareja de ataque con Ronaldo). 


SIN PICHICHI
Entre los jugadores españoles que han conseguido el trofeo Pichichi en época moderna (desde la 1973-74) y contemporánea, Juanito era extremo, Raúl no es un nueve y Butragueño tenía una clase y una capacidad de asociación que le convierten mejor en segundo delantero. Los demás han sido Carlos, Poli Rincón, Manolo, Salva, Tristán y Güiza, pero no escojo a ninguno de ellos.
Tampoco voy a mencionar la carrera de otros delanteros que nunca fueron pichichi, como los hábiles y talentosos Kiko y Sarabia, o el eficaz Satrústegui, de la mejor Real Sociedad. Aquí me reservo a David Villa, porque lo guardo para los segundos delanteros, mientras que Fernando Torres se escapa de edad, ya que es menor de 30 años, como le pasaba también a Gárate del lado contrario (nació en 1944).
Mis elegidos son Santillana, Julio Salinas y Morientes.

Carlos Alonso González, SANTILLANA (1952), llamado así por haber nacido en la localidda cántabra de Santillana del Mar, es el mejor rematador de cabeza del fútbol español moderno. De altura normal, 1,75, se elevaba magníficamente y, sobre todo, tenía una técnica perfecta, insuperable, para conectar el testarazo. Saltaba en el momento preciso, se mantenía lo justo, conectaba en el momento ideal, con el giro adecuado y la potencia requerida; no se podía hacer mejor. Además, con el pie se mostraba hábil y oportunista, un verdadero hombre área, como debe ser un nueve. Fichó por el Real Madrid en 1971 procedente del Racing de Santander y allí pasó toda su carrera hasta su retirada en 1988. Los 297 goles de su carrera no le valieron ningún pichichi, pero sí nueve ligas, cuatro copas y dos Uefas. Jugó los Mundiales de 1978 y 1982 y la Eurocopa de 1984 (marcó cuatro goles en el 12-1 a Malta). Inolvidable delantero.

JULIO SALINAS Fernández (1962), jugó tres Mundiales con España, en 1986, 1990 y 1994, y siempre cayó en Cuartos, al igual que en la Eurocopa del 96, donde le anularon un gol legal. Cuando Clemente era seleccionador se decía que el equipo elegido siempre serían Salinas, Zubizarreta y nueve más. Tenía fama de ser el hombre de los goles en jugadas atropelladas y a trompicones y el de los fallos en las jugadas fáciles; no era un mago, pero ni mucho menos el tronco que decían algunos. Su error más conocido fue el mano a mano contra el portero italiano Zenga en los cuartos de final del Mundial del 94. Este bilbaíno destacó desde joven, al ganar las dos últimas ligas del Athletic, en 1983 y 1984, y las cuatro del Barça de Cruyff (91 al 94), con la Champion del 92 y la Recopa del 89, siempre junto al portero Zubizarreta. Fuerte y alto (1,88) se mostró como un delantero trabajador, útil, oportunista y fiable,  aunque no como un extraordinario goleador, ya que suu mejor marca en liga fueron los 20 goles de 1989 con el Barcelona. Tras el equipo azulgrana jugó con el Dépor, el Sporting, el Yokohama Marinos japonés y el Alavés, donde se retiró en el año 2000. Un delantero ejemplar, con una muy buena trayectoria de club y selección.

Fernando MORIENTES Sánchez (1976) era otro caso de delantero centro con un gran juego de cabeza y buen disparo con el pie. Jugó los Mundiales de 1998 y 2002 y la Eurocopa de 2004. El Moro tampoco era un goleador prolífico, su máximo liguero fueron 19 tantos en 1999, pero sí un magnífico nueve que se movía bien, tenía una técnica más que aceptable, oportunismo, capacidad de desmarque y, como ya he dicho, una enorme facilidad para el remate de cabeza desde su 1'86. El fichaje de Ronaldo en 2002 por el Madrid galáctico acabó pronto con su trayectoria en el club blanco en plena madurez deportiva; allí había llegado en 1997 procedente del Zaragoza y el Albacete. También jugó en el Mónaco, Liverpool,  Valencia y se retiró en el Marsella en 2010. Durante su carrera marcó 241 goles y formó una pareja española letal con Raúl.





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