PAOLO ROSSI (1956) fue un delantero con muy poca continuidad en su fútbol. Estuvo dos años suspendido por su implicación en uno de los escándalos de apuestas ilegales del Calcio, pasó largos períodos de baja forma y tuvo numerosas lesiones, pero eso no impidió que ofreciese momentos puntuales de forma como muy pocos goleadores han tenido. Y, sin duda, la cumbre de su carrera llegó en los partidos decisivos del Mundial de España, en 1982. Rossi apenas había reaparecido con la Juventus de su suspensión, pero el seleccionador Enzo Bearzot le conovocó para la selección. No marcó en los tres partidos de la primera fase, ni tampoco en la victoria frente a Argentina, pero surgió en el encuentro más difícil, contra el Brasil mágico de Zico, Sócrates y Junior, para meter tres goles y asegurar una victoria impresionante (3-2). Llegó después el doblete ante Polonia en semifinales y fue él quien consiguió romper la defensa alemana en la final. Una de las mayores exhibiciones de oportunismo y eficacia del fútbol moderno, repitiendo la gesta conseguida por Mario Kempes con Argentina cuatro años antes.
Il Bambino d'Oro ya había demostrado sus cualidades en el Mundial de 1978, en el que Italia quedó cuarta. Colocación, habilidad, rapidez, capacidad de combinación con sus compañeros (sobre todo con Bettega), y un enorme sentido del oportunismo.Podía rematar con igual precisión de cabeza que con el pie, y lo hacía de manera fulgurante.Regateaba bien, pasaba con acierto y chutaba con potencia, pero sobre todo se movía con maestría en el área y sus alrededores para encontrar el momento justo de desequilibrar el partido.
CRISTIAN VIERI (1973), criado en Australia, sería el ejemplo perfecto de lo que en Andalucía se ha llamado siempre un "culillo de mal asiento", porque en su carrera profesional tiene el récord increíble de haber jugado en ¡12! equipos. Su única etapa de verdadera continuidad la vivió en el Inter de Milán, entre las temporadas 1999-2000 y 2004-2005, allí consiguió su trofeo como capocannonieri en 2003. Antes había sido pichichi en España en la 1997-1998, con el Atlético de Madrid, año en el que consiguió su famoso gol pegado a la línea de fondo en competición europea.
Bobo era un delantero robusto y fuerte, poderoso en el juego aéreo (es uno de los más prolíficos cabeceadores de la historia del calcio) y eficaz también en el contraataque. Capaz de chutar de lejos y de cerca, era un nueve completo y brillante, uno de los mejores de la segunda mitad de los noventa y la primera de los 2000. En los mundiales de 1998 y 2002 mostró su capacidad ofensiva, con 9 goles en 9 partidos, muchos de ellos espléndidos, goles de fuerza, oportunismo, pegada, lucha y también de calidad.
Sus tantos en liga fueron 194 en 375 partidos, cifras no muy impresionantes fruto de la dureza del Calcio. En cualquier caso la figura imponente del Toro Vieri debe incluirse entre los veinte mejores delanteros centro matadores de los últimos 40 años.
FILIPPO INZAGHI (1973), que aún sigue en activo, responde más que ningún otro de este trío a la definición del ratón de área, de ese delantero no sobrado de técnica, pero siempre atento a su oportunidad. Como en el resto de los casos, se trata de un gran cabeceador, un rematador implacable y la mejor de las opciones para finalizar los contraataques de sus equipos, entre los que destacan la Juventus y, aún más, el Milán, si bien su único trofeo de máximo goleador lo consiguió en el Atalanta, en 1997. De los 70 goles de Pippo en competiciones europeas cabe destacar los dos que le sirvieron a los milanistas para ganar la Champions de 2007 (antes también se había llevado la de 2003). Inzaghi, con ese capacidad de aprovechar al máximo sus virtudes, es un perfecto ejemplo de la eficacia italiana en el fútbol.
Sin la fama internacional de los tres anteriores, también quisiera hacer referencia a GIUSEPPE SIGNORI (1968), que destaca por haber sido tres veces capocannonieri (93, 94 y 96) en los mejores años de su carrera, que fueron los que jugó en la Lazio. Beppe era rápido, oportunista y hábil.
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