miércoles, 30 de noviembre de 2011

El tercer hombre (VI). Qué grande es Brasil.

En Brasil un segundo delantero muy anotador fue el máximo goleador del Mundial 70, Jairzinho, pero se me escapa ligeramente de edad (1944). Había otro miembro de esa delantera cuyo juego lleno de talento e inteligencia impresionó al mundo, era Tostao (1947), aunque tampoco puedo incluirlo en la serie, porque sus problemas oculares le llevaron a la retirada en 1973.
El estilo de los jugadores brasileños tiende tanto a la técnica y la fantasía que he decidido guardar la posición de mediapunta para atacantes menos goleadores y más creativos, como Ronaldinho, y dejar el puesto de segundo delantero para hombres muy técnicos y talentosos, pero también con una llegada arrolladora, como son Zico y Rivaldo. El tercero en discordia, como apunté en mi serie El Día de la Bestia, es Bebeto, por su capacidad de combinar con otros delanteros. Un triple plato exquisito del mejor fútbol, al que añadiré dos pequeños postres, Élber y Leivinha.

Artur Antunes Coimbra ZICO (1953) suele ser nombrado como un centrocampista ofensivo, e incluso alguna vez se le define en inglés como "playmaker", pero lo cierto es que por su estilo de juego sería mejor calificarlo como un atacante completo, que unía un disparo formidable con una gran técnica y buen pase, pero que procuraba mirar siempre a puerta, especialmente antes de la madurez. Cuando Pelé se marchó a Estados Unidos para acabar su carrera pronto empezaron las especulaciones para buscarle sucesor y, sin duda, uno de los grandes elegidos fue Zico, que por esa razón ha sido llamado el Pelé Blanco, aunque su auténtico apodo es El Gallito (O Galinho) de Quintino, en referencia a su físico (1'72 mt), habilidad y a los colores del Flamengo. El club de su vida, ya he dicho, fue el Flamengo de Río de Janeiro, del cual es el máximo goleador histórico y donde ganó cuatro Brasileiraos y una Libertadores, con numerosos trofeos de goleador y siete títulos regionales cariocas. Todos esos éxitos le valieron ser nombrado tres veces mejor jugador Sudamericano, porque en esos momentos el Balón de Oro sólo se concedía a jugadores europeos,
Con Brasil estuvo presente en tres Mundiales, los de 1978, 82 y 86, aunque en el primero no era santo de la devoción del seleccionador Coutinho y en el último andaba renqueante de una lesión. Era la principal estrella de la extraordinaria canarinha del Mundial celebrado en España, donde compartía equipo con Sócrates, Falcao, Junior, Éder y Cerezo en un gran momento de todos ellos, pero los tres goles de la tarde mágica de Paolo Rossi supusieron el fin del sueño de uno de los equipos más brillantes de los últimos treinta años. Con su selección, Zico marcó 52 goles de los alrededor de 500 de su larga carrera, que se acabó en Japón ya entrado en la cuarentena. De ellos muchos fueron de falta, su gran especialidad, que incluso mereció reportajes televisivos.
Como la mayoría de las estrellas de ese tiempo, O Galinho aterrizó en la liga italiana, pero en su caso fue en plena madurez, ya con 30 años cumplidos, y de forma breve, sólo dos temporadas, porque en la segunda comenzó a tener los problemas físicos que marcarían la segunda década de su carrera. En la primera temporada en el Calcio tuvo una muy buena actuación con el Udinese y mantuvo un mano a mano interesante con otro especialista en faltas, como era Platini, para intentar ser el máximo goleador.
Zico era un delantero que tenía regate y desborde en velocidad, buena conducción de balón, combinación y pases, fantasía, remate cercano y un tremendo chut lejano. En su país algunos le consideraban el tercer mejor jugador del siglo, sólo por detrás de Pelé y Garrincha. En Europa lo vimos menos, pero no hay duda de que es uno de los cinco mejores segundos delanteros de esta lista. Una súperestrella.

Quien tampoco le va a la zaga es el segundo protagonista de este capítulo, Vítor Borba Ferreira Gómez, RIVALDO (1972), que fue Campeón del Mundo en 2002 y Balón de Oro en 1999. Rivaldo ya destacó en su país jugando en el Palmeiras, donde fue doble campeón, y el Deportivo tuvo el buen ojo de traerlo a Europa el año en que se aplicaba la sentencia Bosman, 1996. Allí mostró su estilo de juego, con poderosas galopadas de largas zancadas por su 1'87 mt, buen regate, control, pases largos y un disparo demoledor, con el que consiguió 21 goles en la liga. Se veía claramente que era una estrella mundial y la marcha de Ronaldo al Inter hizo que el Barça pagase la claúsula de 4.000 millones de pesetas para incorporarlo.
En su etapa azulgrana es donde consiguió fama mundial y todos los trofeos individuales posibles. Su rendimiento fue espléndido en  la temporada 1997-98, en el que ganó la liga y fue subcampeón del Mundial con Brasil, y el mejor año de su carrera llegó en la 1998-1999, cuando repitió título liguero y fue campeón y mejor jugador de la Copa América con la canarinha, lo que le llevó a ganar tanto el Balón de Oro como el Fifa World Player de ese año. A partir de esa temporada tuvo algunos problemas de concentración, pero siguió con cifras excelentes en la 1999-2000 y 2000-2001, con su famoso hat-trick al Valencia, pero en la temporada 2001-2002 sufrió lesiones que le apartaron la mitad de los partidos y además parecía reservarse claramente para el Mundial 2002, que acabó ganando. Esa decepcionante temporada, y la vuelta de Van Gaal al banquillo azulgrana, supuso la curiosidad  de ver cómo un equipo forzaba la marcha de una de las estrellas de la Copa del Mundo sin recibir traspaso alguno.
A los 30 años se iba a Milán, pero su experiencia fue frustrante y volvió durante unos meses a Brasil antes de empezar, en 2004, su aventura griega de casi 4 años. Rivaldo formó dos tríos extraordinarios en ataque en los Mundiales de 1998 y 2002, con Ronaldo y el veterano Bebeto en un caso, y con Ronaldo y Ronaldinho en el otro. En el Barça su pareja con Figo, más la conexión Kluivert, Luis Enrique y Cocu, mereció algo más que las dos ligas y la copa que se llevó. En cualquier caso hablamos de una estrella que tiraba las faltas de maravilla, chutaba como nadie con su zurda imponente, pasaba, driblaba, corría y atacaba como muy pocos.



José Roberto Gama de Oliveira, BEBETO, (1964) tenía 28 años cuando fichó por el Deportivo de La Coruña, que con él en sus filas durante cuatro temporadas se convirtió en el Súper Depor. Antes había destacado en Brasil, donde se llevó el trofeo al jugador Sudamericano de 1989, tras ser campeón y máximo goleador de la Copa América. Bebeto, llamado así por tener cara de niño, era una delantero muy dinámico, que corría y cambiaba muy bien de ritmo, se desmarcaba en busca del pase, tanto para darlo como para recibirlo, remataba de maravilla con ambos pìes, y sabía también entrar de cabeza. Pichichi en 1993, y famoso por no querer lanzar un penalty decisivo en la liga de 1994, su talento magnífico y su rostro amable le hacían especialmente querido por la aficion, encantada con la brillantez de sus goles, su elegancia, clase y por ese regate marca de la casa en autopase por detrás del tacón.
Demostró sobradamente su capacidad para combinar con goleadores cuando formó una pareja brillante y equilibrada con Romario en el Mundial de 1994 y en la Copa América de 1989. Y en plena madurez, con 34 años, fue el complemento perfecto para el ataque de Ronaldo y Rivaldo en el del 98, gracias a que no era egoísta y sabía pasar la pelota, subirla desde la banda y ceder protagonismo sin perder la eficacia de sus goles (marcó 3). Por eso lo considero un buen ejemplo de segundo delantero.

LOS POSTRES
Brasil ha dado tal cantidad de jugadores que siempre queda alguno en el tintero que merece una breve mención, lo haré con dos.
GIOVANE ÉLBER (1972), de quien Míchel decía con acierto que trabajaba como un alemán, pero definía como brasileño. El club en el que se hizo famoso mundialmente fue el Bayern de Munich, con el que ganó cuatro ligas y una Champions y fue la estrella del ataque acompañado por un nueve alto y poderoso como Carsten Jancker. Élber presionaba al atacante rival, ayudaba al centro del campo si hacía falta, asistía a los demás delanteros y buscaba con acierto el gol.
Joao Leiva Campos Filho, LEIVINHA, (1949), jugó el Mundial del 74 con poco éxito, y, un año después se convirtió en la pareja de extranjeros de su compatriota Luis Pereira, fantástico líbero, en el Atlético de Madrid, con quien ganó la liga 1976-77 y la Copa 1976. Antes, O Rei Rubinho, se había convertido en un auténtico idolo en el Palmeiras, doble campeón de Brasil a inicios de los 70, con su fútbol técnico y de llegadas rápidas y letales. En el Atlético de Madrid tuvo una trayectoria bastante brillante, pero sin llegar a romper al nivel del mejor delantero de su tiempo en nuestra competición, Mario Kempes.







lunes, 28 de noviembre de 2011

El tercer hombre (V). Orgullo Rojo

Entre los británicos, el protagonista será el escocés Kenny Dalglish y el actor secundario el inglés Michael Owen, ambos estrellas del Liverpool en épocas muy distintas y, curiosamente, con la misma altura, un discreto metro setenta y tres. Luego haré una ligera referencia a otros tres delanteros: Trevor Francis, Mark Hughes y Teddy Sheringham.

KENNY DALGLISH (1951) fue el referente de dos equipos de gran tradición, el Celtic de Glasgow y el mejor Liverpool. Con el equipo escocés jugó hasta 1977, y fue cuatro veces ganador de la liga, cuatro de la copa y una vez máximo goleador: Allí se le recuerda como la gran estrella de los años 70, pero fue su marcha a los Reds lo que le convirtió en un delantero famoso en todo el mundo. El Liverpool acababa de ganar la Copa de Europa, pero su mejor jugador, el doble Balón de Oro Kevin Keegan, se marchaba a Alemania fichado por el Hamburgo. King Kenny, como sería llamado más adelante, tomó su relevó desde el principio y lideró al equipo inglés durante más de una década y los llevó a ganar tres Copas de Europa más (78, 81 y 84), amén de una larga lista de títulos nacionales.
Tras tres temporadas en que debía acaparar mayor protagonismo dentro del área, a partir de 1980 formó un tremendo dúo atacante con el joven rematador galés Ian Rush, en el cual el Rey atraía a los defensas para abrir huecos o daba el pase en el momento preciso para que Rush hiciese gala de su magnífico oportunismo y se acabara convirtiendo en el máximo goleador histórico del Liverpool. Dalglish, que jugó los Mundiales de 1978 y 1982, llegó a ser escogido como el mejor delantero británico de la segunda mitad del siglo XX por la revista 4-4-2, lo que da una idea de su impacto en el fútbol de las islas. Era un delantero completo, pero mucho más directo que exquisito; con una gran llegada, magnífico chut, velocidad, visión de juego y buena conducción del balón.Una verdadera estrella.

MICHAEL OWEN (1979) saltó a la fama internacional con 18 años al marcar un bonito gol frente a Argentina en el Mundial de 1998, con su estilo habitual que combinaba la velocidad con el buen manejo del balón y un más que aceptable disparo, que le había llevada a ser considerdo el mejor jugador joven de la liga inglesa. Su mayor éxito personal fue el Balón de Oro de 2001 debido a su buen papel en los momentos claves de la temporada, cuando el Liverpool ganó la Premier, la UEFA, la Copa, la Charity y la Supercopa de Europa. El poderío mediático del futbol británico ayudó a esta eleccíón, pero lo cierto es que Owen había tenido una racha imponente entre el final de temporada y el inicio de la siguiente. Nunca fue un goleador extraordinario, pero sí tenía buenas medias (157 goles en 7 temporadas con los Reds), era atractivo para el espectador y resultaba un buen complemento para otros atacantes por su calidad, técnica y dinamismo.
En 2004 fue fichado por el Madrid galáctico por puro capricho de añadir un Balón de Oro más, ya que la plantilla madridista contaba con suficientes atacantes, y tuvo que ser suplente muchas más veces de las que él hubiese deseado, así que volvió a ser objeto de traspaso en 2005, yéndose al Newcastle. A partir de ese momento empezaron sus problemas de lesiones, que no le han permitido recuperar nunca el mismo nivel que tuvo en Liverpool. Con la selección inglesa marcó 40 goles y participó en tres Mundiales (1998, 2002 y 2006) y dos Eurocopas (2000 y 2004). Un muy buen jugador que tuvo la mala suerte de marcharse de los Reds en el peor momento, porque en 2005 el Liverpool ganó la Champions, justo el trofeo que él llevaba persiguiendo desde hacía años.
Con Keegan renqueante, estaba claro que la pareja de delanteros inglesa en el Mundial de España debía ser la formada por el potente delantero del Ipswich Town, Paul Mariner, y el hábil y talentoso TREVOR FRANCIS (1954), el primer británico envuelto en dos traspasos de un millón de libras (de Birmigham a Nottingham, y de allí al Manchester City). Desde muy jovencito era una de las grandes promesas del fútbol de las islas, por su rapidez, habilidad, calidad y disparos explosivos, aunque sólo mostró buen nivel goleador durante un par de temporadas en el Birmingham City. Su tanto más conocido fue el que otorgó la primera Copa de Europa al Nottingham Forrest en la final de 1979 frente al Malmoe, pero la cruz de su carrera fueron las lesiones, que serían abundantes a partir de ese año. En Italia causó una gran impresión por su talento en la Sampdoria, pero le faltó olfato de gol para ser desequilibrante. (Los siguientes vídeos son un buen resumen de su carrera).
MARK HUGHES (1963), galés, era el ejemplo clásico de un delantero británico luchador, lleno de energía, generoso en el esfuerzo, rápido y con gran sentido de la verticalidad. Lo que nunca tuvo fue un gran instinto goleador, por mucho que lo intentase, pero su pelea sí permitía abrir hueco para hombres con mejor olfato, como Lineker en el Barça, equipo en el que el galés tuvo un paso fugaz. Ese derroche y su sentido de equipo le convirtieron en ídolo del Manchester United en los 80 y 90.
TEDDY SHERINGHAM (1966) tenía una fama de carácter difícil que le llevó a ser conocido con el nada cariñoso apelativo "Psycho". Temperamental y habilidoso, tuvo una carrera con muchos altibajos en las que destacan sus etapas en el Millwall, el Tottenham (fue máximo goleador de la primera edición de la Premier league, 1992-93) y el Manchester United, con el que ganó la Champions de 1999 en un dramático final frente al Bayern Munich saliendo como suplente. Él fue quien marcó el gol del empate y luego un cabezazo suyo sirvió de asistencia a Solskjaer para anotar el tanto de la victoria. Con Inglaterra fue seleccionado para los Mundiales de 1998 y 2002.


domingo, 27 de noviembre de 2011

El tercer hombre (IV). Francia a los 4 sabores

El capítulo dedicado a los segundos delanteros franceses cuenta con 4 jugadores de características diferentes: un buen goleador, un  atacante completo, un líder de enorme carácter y un delantero lleno de magia.

THIERRY HENRY (1977) empezó a destacar muy joven en el Mónaco, junto a su compañero Trezeguet, cosa que ya le valió para ser seleccionado en el Mundial 98, en que Francia fue campeona, pero no había sobresalido por su capacidad goleadora, sino por su dinamismo y la calidad en la combinación con el resto de los atacantes. Tras media temporada frustante en la Juventus, llega al Arsenal de Wenger (el entrenador de sus inicios) en 1999 y empieza a incrementar su prestación como anotador. En sus ocho temporadas en el conjunto inglés desplegó lo mejor de sus juego y se convirtió en el ídolo local y el máximo goleador histórico del club londinense, con 226 goles. Fue cuatro veces pichichi de la Premier league, dos de ellas también Bota de Oro europea. Arsene Wenger le convirtió en el eje del ataque: Con su 1'88 mt, Tití avanzaba con velocidad y grandes zancadas, normalmente por la izquierda, y resultaba letal en el contraataque y el disparo cruzado. Recibía pases de Bergkamp, de Ljunberg, de Pirès, de Vieira: él siempre era el referente ofensivo. Desbordaba a la defensa y al portero, lanzaba faltas y remataba; tenía un juego atractivo para el espectador y eficaz para su equipo. Con Francia no llegó a encajar de manera tan perfecta, pero su amplia carrera le ha permitido ser también máximo goleador histórico de su selección, con 51 goles, y ha participado en cuatro Mundiales (1998, 2002, 2006 y 2010) y tres Eurocopas (2000, donde fue campeón, 2004 y 2008).


Henry, que ya había ganado dos Premiers y tres Copas, tenía el gran objetivo de conseguir la Champions, y en 2006 llegó a la final, pero la perdió frente al Barça, (ese mismo verano perdía también la final del Mundial 2006). En la temporada siguiente el inicio presagiaba que podía conseguir su quinto título como máximo goleador de Inglaterra, pero una lesión le hizo perderse más de la mitad de la competición y, al finalizar la temporada, fue traspasado al Barcelona. En su nuevo club no pudo reeditar su papel de gran estrella, aunque tuvo una buena segunda temporada, en la cual ganó la Champions (2009), y en 2010 se marchó a Estados Unidos.
Tití era todo dinamismo y eficacia, que le hacían capaz de marcar goles de tacón, de volea, de acrobacia, pero sobre todo de anotar una y otra vez aprovechando su espléndido físico, su velocidad y su disparo. Y fue en el Arsenal donde de verdad pudo desplegar todo el fútbol que llevaba dentro uno de los mejores delanteros de la primera década del siglo XXI.


YURI DJORKAEFF (1968) fue titular en la selección francesa anfitriona y campeona del mundo en 1998. Era un atacante bastante completo, con velocidad, buen disparo, técnica y capacidad de trabajo; sin ser nunca un goleador, sí era un delantero fiable y con buena llegada al área. Jugó hasta los 28 años en varios equipos franceses, hasta que ganó la Recopa de 1996 con el PSG, momento en que lo fichó el Inter. Allí inició su periplo por Italia, Alemania e Inglaterra, para acabr su carrera en Estados Unidos. Jugó las Eurocopas de 1996 y 2000 (en la que fue campeón), y los Mundiales de 1998 y 2002. La Serpiente se adaptaba a los puestos de segundo delantero y mediapunta, siendo siempre un seguro de buen hacer en el campo, calidad en la combinación, pases, velocidad y gran chut a puerta. Como he dicho, un atacante completo.

ERIC CANTONA (1966) era un jugador apreciado por su calidad y conocido por polémico en su país, pero muy poco famoso fuera de sus fronteras, hasta que aterrizó en Inglaterra en enero de 1992 para fichar en el mercado de invierno por el Leeds United. Su impacto fue casi inmediato, y Cantona empezó a mostrar su carácter de líder en un equipo que había olvidado su gloria de mediados de los 70. El Leeds ganó ese año la última Football League First Division y el Manchester United le fichó para reverdecer en la nueva Premier League los viejos laureles perdidos hacía más de 20 años. Ahora estamos acostumbrados a ver un United campeón y dominador, pero lo cierto es que los años 70 y 80 habían sido una travesía en el desierto para el equipo de Manchester. Con el carácter fuerte y el espíritu de líder del delantero francés, los diablos rojos ganaron cuatro ligas en cinco años, y los aficionados no se cansaban de cantar el "Oaaaa, Eric Cantona, Oaaaa You are our King" en todos los partidos. Su popularidad llegó a tal punto que los fans le votaron como el jugador símbolo del club, por encima de estrellas mucho mayores, como Bobby Charlton y George Best.
El Rey, con las solapas de la camiseta levantadas y su gesto desafiante, era un jugador imaginativo y talentoso, que gustaba de los regates y las jugadas espectaculares, pero sobre todo era un líder lleno de una fuerza que siempre procuraba contagiar a sus compañeros. Pasaba bien, tenía un gran control del balón y chutaba con potencia y precisión. Siempre le acompañó una bien ganada fama de polémico, que estalló un 25 de enero de 1995, cuando se lanzó de forma salvaje contra un aficionado rival que le insultaba y le pegó una patada salvaje en el pecho, seguida de varios puñetazos, lo cual le supuso una sanción para el resto de la temporada, la única en que su equipo no ganó la liga. Cuando volvió era más ídolo que nunca entre los fans de su equipo, y esa popularidad le llevó a retirarse en 1997, cuando le quedaban unos días para cumplir 31 años. Ya se había convertido en icono mediático, que aparecía en todo tipo de anuncios y hasta películas, y prefirió dejar el fútbol cuando estaba en la cima, especialmente porque el seleccionador francés, Jacquet, no contaba con él para el Mundial del 98.
King Eric, nieto de emigrantes sardos y de exiliados catalanes de la Guerra Civil (apellidados Raurich), era un jugador sobrado de carácter y liderazgo, que ha sido siempre más famoso en las islas que en el resto de Europa, y todavía, cuando aparecen listas de los mejores jugadores de la historia en internet, siempre hay algún fan del Manchestar preguntando ¿where is Cantona?

DOMINIQUE ROCHETEAU (1955) era un perfecto ejemplo de lo que supuso Francia en el Mundial del 82, un equipo con un centro del campo que no podía ser más técnico, con Platini, Giresse, Genghini y Tigana; (la derrota contra Alemania sería clave para optar por Luis Fernández en lugar de Genghini a partir de 1984). Lacombe era el goleador habitual, pero la apuesta de creatividad francesa llevó a la titularidad a Rocheteau, un delantero de enorme talento, con un toque delicioso de balón, magnífico regate y gran pasador; su único defecto era la falta de instinto asesino. El Ángel Verde, color debido a que jugaba en el Saint Étienne hasta que a los 25 años se fué al París Saint Germain, pasó de extremo derecho a delantero todoterreno, haciendo gala siempre de un fútbol lleno de calidad y elegancia. Rocheteau es el delantero francés más técnico del fútbol moderno.





El tercer hombre (III). Estilo Bianconero.

Protagonistas principales son Bettega y Del Piero, luego cito a Ravanelli y Di Natale. .

ROBERTO BETTEGA (1950) era conocido en la Juventus como Pluma Blanca por sus incipientes canas y la elegancia de su juego. Empezó en el fútbol como centrocampista ofensivo, pero su facilidad para el remate de cabeza le hizo avanzar posiciones hasta la delantera, dentro del rácano fútbol italiano. Fue un discreto goleador, ya que el Calcio no permitía grandes cifras y en más de una ocasión el máximo goleador de la competición lo era con apenas 15 goles, de hecho él lo fue con 16 en 1980. En su equipo y en la selección formó una imponente tripleta ofensiva junto al veterano Causio y al joven Paolo Rossi, como se pudo contemplar en el Mundial de 1978. Bettega fue el autor del gol que derrotó en la primera fase a la anfitriona y futura campeona, Argentina.
En España le pudimos ver en su mejor temporada goleadora, la 1976-1977. Ese año consiguió 17 dianas en la Serie A, más 5 en la Copa de la UEFA, donde se enfrentó al Athletic de Bilbao en la final, y suyo fue el brillante gol de cabeza que acabó decantando la competición. No pudimos contemplarle en el Mundial del 82 porque llevaba toda la temporada lesionado, y eso quiere decir que se perdió un gran título en un equipo plagado de compañeros suyos en la Juve (Zoff, Gentile, Scirea, Cabrini, Tardelli, Rossi, e incluso Causio como suplente). Era un delantero hábil, con buena capacidad de desmarque, muy inteligente para combinar con otros atacantes, ya he dicho que con un gran juego ded cabeza, pero también con el tacto perfecto para controlar con el pecho y rematar de volea e incluso de tacón.
Bettega, que ganó 7 veces el Scudetto, acabó su carrera en Canadá, donde dejó destellos de su elegancia y buen hacer en el campo.

ALESSANDRO DEL PIERO (1974) llegó a la Juventus en 1993, cuando todavía no había cumplido los 19 años, y allí se retirará por fin esta temporada, con casi 38 tacos. Una trayectoria tan larga le ha permitido ser el máximo goleador de la historia de la Vecchia Signora, con 284 goles. Es curioso que sus dos trofeos de máximo anotador los haya conseguido en plena madurez. Cuando la Juve fue castigada con el descenso a la Serie B, en la temporada 2006-2007, fue el mejor goleador de la categoría, y la temporada siguiente, de vuelta a la Serie A, fue Capocannonieri con 33 años largos. Justo antes, en el año 2006, había ganado el Mundial con Italia; marcó en la semifinal contra Alemania y en la final anotó en la tanda de penaltis contra Francia. 
Alessandro Il Grande es una mezcla entre mediapunta y delantero, con excelente técnica y un fantástico disparo. Su gran especialidad es el lanzamiento de falta, que es la suerte con la que ha conseguido más goles, pero en Italia su marca registrada es el llamado Gol a la Del Piero, que consiste en avanzar por la izquierda, recortar hacia el centro y lanzar un chut curvado hacia la escuadra izquierda de la portería (derecha desde el punto de vista del atacante), un gol propio de los diestros con talento, fundamentos y gran disparo. Como es lógico en un jugador de sus características, domina el pase y el centro, y siempre ha realizado buenas combinaciones con los delanteros de su equipo, sobre todo con Trezeguet, compañero de ataque durante una década, a quien asistió muchas veces aprovechando el enorme juego de cabeza del francoargentino. Y dentro de su fútbol completo, destacó especialmente su pareja con el genial mediocentro ofensivo y mediapunta Zinedine Zidane, con quien coincidió 5 temporadas, y que fue sin duda una de las duplas más exquisitas de finales de siglo.
Pinturicchio (por su talento artístico) ha sido el mayor símbolo juventino en ataque de los últimos cuarenta años.

Aprovechando mi referencia a las canas de Bettega quiero nombrar a otro segundo delantero con el pelo blanco, igualmente apodado Pluma Blanca,  y también juventino (aunque sólo durante 4 temporadas). Fabrizio RAVANELLI (1968), que jugó en Italia, Inglaterra, Francia y Escocia., Con los bianconeros fue campeón de liga y de Europa, y siempre fue un atacante lleno de energía.

Como añadido, haré una ligera mención a ANTONIO DI NATALE (1978), delantero del Udinese fuerte, con buen regate y mejor llegada al área, que ha sido dos veces máximo goleador de la liga italiana en plena madurez.

jueves, 24 de noviembre de 2011

El tercer hombre (II). España los mete de 7 en 7

Los tres segundos delanteros españoles que he escogido tienen en común el mismo número en su camiseta, el 7. Son Butragueño, Raúl y Villa. Y también lo usaba el turco Nihat, que dejó muy buen sabor de boca en nuestra liga.

EMILIO BUTRAGUEÑO Santos (Madrid, 1963) es el delantero exquisito por antonomasia. Técnico, hábil, talentoso y elegante en su juego, el Buitre era un pasador extraordinario y un verdadero creador de belleza cerca del área. Pese a su apodo y a algunas actuaciones antológicas, como su póker de goles en los octavos del Mundial del 86 frente a Dinamarca o el hat trick en la UEFA contra el Andrelecht, lo cierto es que Butragueño nunca fue un depredador del área. Su mejor marca en la liga fueron los 19 goles de la temporada 90-91, que le sirvieron para ganr su único Pichichi, pero normalmente rondaba simplemente la docena y en el total de su carrera no llegó a a los 200 goles. En cambio era el jugador perfecto para combinar con el resto de los delanteros, abrir huecos, ganar espacios, hacer paredes, driblar con sutileza y pasarla justo en el momento preciso y al lugar adecuado. Los cuatro trofeos de máximo goleador conseguidos por Hugo Sánchez en el Real Madrid tuvieron mucho que ver con el juego del genial atacante español.

 Debutó con el primer equipo blanco en febrero 1984 y en un año se convirtió en verdadero ídolo de la afición, que pasaba por un momento de ansia y preocupación, ya que la estrella de Juanito se apagaba y la liga tenía acento vasco. (Una prueba de su popularidad fue la conocida portada en color de Diario 16, cuando se le descolocó el pantalón en un partido). Más adelante, con el apoyo de sus compañeros de la Quinta del Buitre (Míchel, Sanchís, Martín Vázquez) y liderados por el poder rematador del mencionado Hugo Sánchez, llegarían los éxitos. Con la selección española veía desde el banquillo la Eurocopa del 84, donde se llegó ala final, y participaba activamente en los Mundiales de 1986 (fue el héroe de Querétaro) y 1990, y en la Eurocopa de 1988.
 En Méjico, país en el que jugó los últimos años de su carrera (en el Puebla), era conocido como "el caballero de la cancha", por la elegancia de su estilo y la limpieza de su juego. Se movía con armonía por todo el ataque y pasaba como nadie. Entre sus enormes recursos técnicos, su marca registrada era el llamado amague neutro, que consistía en quedarse inmóvil delante del balón; si el defensa se lanzaba a por el cuero, Butragueño salía driblando y, si esperaba, era superado por un arranque fulminante. Durante casi una década, el Buitre fue una de las grandes estrellas del fútbol español y el símbolo de la elegancia y la clase.
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RAÚL González Blanco (Madrid, 1977) fue el sucesor directo de Butragueño en el equipo, en el número y en el corazón de los aficionados madridistas. Lo que en el Buitre era genialidad, exquisitez, y capacidad de desborde, en Raúl se convertía en pillería, enorme capacidad de trabajo, oportunismo e inteligencia. El Gran Capitán (puesto que obtuvo tras la marcha de Fernando Hierro) ha sido siempre un jugador completo en ataque y que se convierte en el primer defensa de su equipo, ya que presiona al rival y ocupa espacios para dificultar la salida del balón. No suele regatear, aunque puede hacerlo muy bien, porque no lo necesita debido a su facilidad para el desmarque y para entender la jugada antes que los defensas rivales. Pelea por el balón, ve todos los huecos, sabe combinar con los compañeros y tiene un espléndido olfato de gol basado en la eficacia de estar en el lugar oportuno en el momento adecuado, ser el más listo de la clase, como siempre dicen los comentaristas.
El verdadero sello personal del 7 blanco no es ninguna acción del juego, sino su regularidad, el hecho de haber estado a buen nivel durante centenares de partidos desde que debutó en la  liga en 1994, con sólo 17 años. Eso le llevó al récord imponente de haber jugado 741 partidos oficiales con el Real Madrid hasta 2010,  (año en que pasó al Schalke 02 alemán), y ser su máximo goleador histórico, con 323 goles, que incluyen dos pichichis en 1999 y 2001. Más que un goleador extraordinario, siempre ha sido un anotador seguro y fiable que dominaba de forma sencilla las diferentes suertes del remate dentro del área, tanto con el pie como con la cabeza, y que encaraba bien al portero con astucia y su conocida cuchara, una vaselina característica a la que ha sacado gran rendimiento.

Con España jugó tres Mundiales, 1998, 2002 y 2006 y dos Eurocopas 2000 y 2004, amén de los Juegos Olímpicos del 96. La decisión de Luis Aragonés de excluirlo de cara al Europeo de 2008 provocó más de un año de críticas por parte de los medios de comunicación favorables al Real Madrid, que son todos. De hecho el problema partía de principios de 2004, cuando Raúl inició un bache de forma por cansancio mental, al que se unió la lesión de 2005, la única importante de su carrera. Pese a ese bajón continuó siendo titular en todos los partidos internacionales (y de club), y tuvo un pobre rendimiento en la Eurocopa de 2004 y el Mundial 2006 (error de penalty incluido). Era en esos momentos cuando debió pasar al banquillo, pero su magnífico historial y la tremenda presión de la caverna impidió esa decisión tanto en su club como en la selección, hasta que Aragonés dijo basta tras la Copa del Mundo y decidió apostar por la pareja Villa y Torres. Raúl recuperó el tono goleador en 2007, pero Luis sabía que los medios no aceptarían la suplencia del madridista, así que decidió hacer frente a la presión y seguir sin convocarlo. La apuesta no pudo salirle mejor, porque la dupla Villa-Torres llevó a España al título europeo de 2008. Del Bosque no quiso romper ese equilibrio, que otorgaba a Casillas la capitanía, y se acabó la carrera internacional del 7 blanco. Más tarde, en la temporada 2009-2010, Pellegrini llegó al equipo diciendo que, a pesar de haber fichado a Cristiano Ronaldo, Raúl seguiría siendo "titularísimo", lo cual fue, en realidad, el anuncio de su suplencia, cosa que le hizo dejar el Madrid por el Schalke 04, donde todavía juega a gran nivel y  en el que marcó el gol 71 en Champions, el récord histórico, que reafirma su muy exitosa regularidad.






Raúl, que tiene tres Champions, nunca fue un artista del balón, pero sí el perfecto complemento para el ataque, y sus numerosos récords son la prueba estadística de esa realidad de delantero completo demostrada durante 18 temporadas.

DAVID VILLA Sánchez (Asturias, 1981) ha sido el sucesor de Raúl en la selección y también el jugador que ha batido su récord de goles (44) con España (supera el medio centenar). A diferencia del madridista, que debutó con su club a los 17 años y no lo dejó hasta los 33, Villa, ha ido cambiando de equipo a medida que avanzaba su carrera. Primero en el Sporting de Gijón, luego en el Zaragoza, la parte central de su carrera la ha pasado en Valencia (5 temporadas) y en 2010 fichó por el Barcelona. El Guaje es un delantero hábil, decente pasador, con buen regate y un disparo preciso y potente, un jugador de mucha calidad y con gol. Sus mejores temporadas goleadoras en la liga fueron en 2006 y 2009, con 25 y 28 goles, respectivamente, pero en ambos casos se quedó por detrás de Forlán y Eto'o. Sus grandes éxitos internacionales, como en la mayoría de los jugadores españoles, han llegado en los últimos años: fue el máximo goleador de la Eurocopa de 2008 y figura clave en el Mundial 2010, porque marcó 5 de los primeros 6 goles de España.




David Villa ha demostrado ser un delantero completo, que pasa, chuta de maravilla y entra bien al remate, sin llegar a ser un oportunista, sino más bien un pegador capaz también de lanzar muy buenas faltas. La prueba de que el número 7 de España lleva muchos años en buenos pies.

NIHAT Kahveci (1979) fue el jugador más brillante de la liga española durante la temporada 2002-2003, en la que llevó a la Real Sociedad al subcampeonato con un fútbol lleno de belleza y dinamismo. Ese año el ratonil delantero turco estuvo chispeante, con velocidad, agiulidad, regate, desborde, visión, pases y goles, muchos goles, tanto suyos como en combinación con sus compañeros, sobre todo con el tanque Kovacevic. Más adelante su forma fue decayendo, y no volvió a esa deliciosa excelencia, tan eficaz como divertida, aunque reverdeciera laureles en el Villarreal durante la temporada 2007-2008. Fue mundialista en 2002.


martes, 22 de noviembre de 2011

El tercer hombre (I). Rubios de Oro

Al igual que con los delanteros centro, voy a iniciar la serie con jugadores alemanes. Me centraré en las dos grandes estrellas germanas en esta posición, Rummenigge y Klinsmann, y citaré muy brevemente a Allofs y Holzenbein.

KARL HEINZ RUMMENIGGE (25-09-1955) es el mejor segundo delantero del último cuarto de siglo XX. Era un jugador inteligente y desequilibrante como muy pocos. Podía atravesar el campo con la pelota en los pies, como hizo en el Mundial del 78, anotar de forma acrobática, rematar lleno de fuerza y personalidad a pesar de las lesiones, como en la semifinal de 1982 o la final de 1986, entrar de cabeza y pasar al compañero. Un jugador dominante escogido Balón de Oro en 1980 tras ser líder y campeón de la Eurocopa con Alemania. Repitió trofeo como mejor jugador continental en  1981, años en los que es el máximo goleador de la Bundesliga con el Bayern de Munich, como también lo fue en 1984. Entró en el equipo bávaro en la época dorada de mediados de los años 70, cuando las estrellas de los campeones europeos de clubes seguían siendo Beckenbauer, Müller y Maier. Kalle fue el sucesor de esta generación dorada para convertirse en la gran estrella mediática alemana de los años 80; otro grupo extraordinario de jugadores, pero que cayó derrotado en las dos finales mundialistas del 82 y 86.
En el Bayern formó un tándem dorado con el ya centrocampista Paul Breitner, dúo llamado Breitnigge, pero en Alemania (con la que marcó 47 goles) eran una pléyade de estrellas con el gran Schuster (el gran ausente en los Mundiales por problemas con su federación), Stielike, Kaltz, Briegel, Forster, Hansi Müller, Hrubesch, Fischer, Allofs, el genial Littbarski, el polémico Schmeichel o el joven Vöeller. Equipazos con todas las letras.  En los Mundiales hay dos imágenes muy conocidas de Rummenigge: en las semifinales del 82 contra Francia, él estaba lesionado, pero salió al campo renqueante y marcó el gol de la esperanza para Alemania (2-3), que luego acabó empatando y ganando por penalties. Y en la final del 86, tampoco muy fino físicamente, anotó el 1-2 ante Argentina, también en un remate lleno de ganas y fe en la victoria, que esta vez no llegaría. En esos casos cogía el balón y, con la convicción de su enorme calidad, espoleaba a los suyos para intentar otra de las épicas remontadas germanas.
La etapa de Kalle en el Bayern se alargó durante 10 años, de 1974 a 1984. Entonces fue fichado por el Inter de Milán, pero su aventura en el Calcio estuvo marcada por las lesiones y por su ingrato fútbol defensivo. Tras tres temporadas se marchó a Suiza para acabar su carrera en el Servette, y lo hizo como máximo goleador en 1989.
Ya he dicho en el primer párrafo que Rummenigge es el mejor segundo delantero del último cuarto del siglo XX, un digno sucesor de Eusebio, aunque menos explosivo y goleador. Una gran estrella mundial que simboliza bien el estilo del fútbol moderno, con buena técnica, gran dinamismo y estupendo físico.

JÜRGEN KLINSMANN (1964). Era un  especialista en formar parejas de ataque con verdaderos delanteros de área. Él era un jugador más todoterreno, gracias a su dominio del balón y sus largas zancadas. Fue el gran referente del ataque de la selección alemana durante el final de los 80 y todos los 90, haciendo pareja primero con Voeller y más tarde con Bierhoff. Klinsmann tenía una facilidad especial para las voleas y los remates espectaculares y hacía gala de un correr característico con pasos algo desgarbados pero muy amplios e imponentes.
Su carrera de club fue algo irregular, mezclando momentos brillantes, que incluyen la elección de mejor jugador de la Bundesliga en 1988 y de la liga inglesa en 1995, con épocas algo frustrantes. El Inter quiso contrarrestar el dominio de sus vecinos de Milan encabezados por el trío holandés formado por Van Basten, Gullit y Rijkaard, con el fichaje en 1989 de los alemanes Klinsmann, Mathaus y Brehme, pero lo cierto es que los negriazules no consiguieron ningún scudetto en esos tres años, sólo la UEFA de 1991.
En cambio cuando ambos tríos se enfrentaron con sus selecciones en el Mundial del 90, precisamente en Italia, los germanos se impusieron de forma rotunda gracias al gran partido de Klinsi, luego acabarían proclamándose campeones frente a Argentina, y los hombres clave de ese campeonato fueron precisamente los tres del Inter. El otro triunfo importante con Alemania lo consiguió en el Europeo de 1996,donde también fue campeón.
Klinsman consiguió 47 goles con su selección incluyendo 11 repartidos en tres Mundiales, los de 1990, 94 y 98, donde siempre dejó una magnífica impresión de delantero rápido,con calidad y cuyos remates poseían una belleza especial.
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Los tres goles más conocidos de KLAUS ALLOFS (1956) con la selección alemana fueron los conseguidos frente a Holanda en la Eurocopa de 1980, en la que los germanos se proclamaron campeones. La habilidad ratonil y el talento eran las principales características de este delantero, que se convirtió en mediapunta al final de su carrera para conseguir la Recopa de 1992 con el Werder Bremen. Trece años antes, en 1979, sus goles fueron insuficientes para llevarse la Recopa frente al Barcelona, cuando jugaba en el Fortuna de Düsseldorf, con el que ese mismo año fue máximo goleador de la Bundesliga. Su otro trofeo de anotador alemán lo consiguió en 1985 con el Colonia. Participó en el Mundial de 1986, en el que fue subcampeón y marcó dos dianas. En dieciocho años de carrera ganó dos ligas, ambas ya veterano, una francesa (1989) en Marsella y una Bundesliga (1993) justo antes de su retirada en Bremen.
BERND HOLZENBEIN (1946) fue el rápido y ágil delantero que  provocó el penalty con el que Alemania conseguía la igualada en la final del Mundial de 1974 frente a Holanda, donde todavía se quejan diciendo que fue un piscinazo. Buen  regateador, hombre imaginativo  y digno goleador, sigue siendo el máximo anotador histórico del Eintracht de Frankfurt, con 160 dianas en 420 partidos de Bundesliga (con ese equipo ganó la Uefa de 1980). Jugó también el Mundial de 1978 y tuvo una destacada actuación en la Eurocopa de 1976 (marcó un  tanto en la final, que acabarían perdiendo).

El tercer hombre (Prólogo). Vientos de Cambio.

Después del recordatorio sobre Tyson, retomo mi serie sobre fútbol. El fútbol clásico empezó a trazar el esbozo de una posición muy propia del fútbol moderno, la del segundo delantero. En cierto modo unos primeros toques se podían contemplar en el papel de Schiaffino, Puskas y Pelé, pero el gran precedente del segundo delantero fue Eusebio, con su zancada imponente y su disparo devastador, que perfiló ese otroatacante, "El Tercer Hombre", que ni es el delantero centro, ni un extremo. Con la entrada del fútbol total en los años setenta, se generalizó el uso de jugadores que se alejaban del concepto de extremo, pero que tampoco eran ni delanteros centro, ni mediapuntas de creación. Allí se encajaban hombres de estilos distintos entre sí, como Rummenigge, Kempes, Repp y Bettega. La posición se generalizó y fue evolucionando al tiempo que lo hacía el ataque de los años 80 y 90, y hemos tenido ejemplos muy recientes con Henry, Shevchenko o Raúl.

Lo que nadie se esperaba era el viento de cambio que han aportado las dos grandes estrellas del fútbol actual, dos jugadores que se despegan de cualquier definición posicional, pero que yo coloco como segundos delanteros porque su inmensa capacidad goleadora hace que no los pueda ver como mediapuntas. Leo Messi y Cristiano Ronaldo han sido escogidos recientemente como los rivales deportivamente  más atractivos de la historia del fútbol porque rompen moldes con su enorme talento y su derroche físico, cada uno a su manera; aunque difícilmente pueden ser ejemplo, porque muy raro será que una pareja de ese calibre vuelva a repetirse al mismo tiempo.

Curiosamente, en la serie que comienzo ahora sobre los mejores segundos delanteros del fútbol moderno y contemporáneo, no puedo incluirlos, porque son demasiado jóvenes y sólo pongo jugadores que hayan cumplido los 30 años para poder juzgar su carrera. Ellos son los mejores y el gran Viento de Cambio del fútbol, pero aquí me centraré en el resto de segundos delanteros que han destacado desde 1973.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Mike Tyson. A 25 años luz de la gloria.

"Si repasáis la vida de Tyson, veréis que desde chiquillo ha sido un hijo de puta. No importa si esta vez me gana y me noquea, será lo que siempre ha sido y acabará mal". Larry Holmes, en la rueda de prensa previa a su combate en enero de 1988.

Hace veinte años encabezaba así mi artículo del Diari de Girona titulado "El destí de Tyson",  durante los días del revuelo por su detención como acusado por la violación de una participante en el concurso de Miss América Negra, asunto que acabaría con sus huesos en la cárcel. Ahora, cuando se cumple un cuarto de siglo del combate que le convirtió en el campeón de los pesos pesados más joven de la historia, escuchamos en los medios de comunicación que el boxeador, arruinado varias veces pese a haber ingresado 300 millones de dólares en su carrera, se publicita para firmar autógrafos personalizados y hacerse fotos por dinero (entre 100 y 400 dólares), y que asiste y actúa como invitado especial en fiestas, cumpleaños y bodas, cual caprichosa atracción de feria de la sociedad pudiente, a cambio de unos apetitosos diez mil dólares. Su historia se parece a la de bastantes boxeadores. Nace el 30 de junio de 1966 en una familia cuyo padre les abandona cuando él tiene dos años, y a los trece añitos ya le han arrestado 38 veces por robos y violencia. Pero lo que distingue a este delincuente adolescente del resto del reformatorio es que tiene puños de acero. Eso lo descubre el entrenador Bobby Stewart y se lo recomienda a Cus d'Amato, que llevaba treinta años preparando campeones. Le sacan del reformatorio, le arropan y vigilan para que no vuelva a delinquir y encauzan su carácter violento para convertirlo, poco a poco, en una especie de máquina de guerra, en un boxeador tan jovencito como implacable. Se pasa al profesionalismo cuando aún no ha cumplido los 19 y hace 25 años, el 22 de noviembre de 1986, con apenas 20 años, consigue el título mundial de los pesados con un impresionante KO en el segundo asalto frente a Berbick.

D'Amato se portó como un padre-abuelo al estilo hollywoodiense con Iron Mike, y siempre se ha dicho que su muerte, en noviembre de 1985, le originó un problema mental que iría creciendo con el tiempo, pero llenarlo de ambición deportiva no es formarlo como persona. De eso me pude dar cuenta cuando Tyson estaba en plena cresta de la ola, en 1988, y la HBO le dedicaba una serie de vídeos que se hizo famosa en todo el mundo. Sus labios y su mente no sabían de bondad y justicia, sólo del sueño americano. La frase siempre era la misma, él podría conseguir cualquier cosa que se propusiera con su ambición sin límites ni barreras. Era el ridículo discurso del hombre burdamente todopoderoso contemporáneo, de un tiempo lleno de locura ambiciosa y economicista que desprecia mucho más la honradez del aurea mediocritas que la peor de las pestes, una sociedad de absurdos artículos sobre la prima de riesgo en lugar de sobre la verdad y que rinde pleitesía al demiurgo del mercado en lugar del Dios de la misericordia. Por alguna razón, con los años, me ha hecho recordar esos barrios de chabolas con un bosque de antenas parabólicas y pantallas de plasma, de las ciudades basura sin agua corriente, pero llenas de Ray Ban, de las calles de tierra y barro pisadas con zapatillas y gorras Nike con perfume a Cacharel. Igual que el tercer mundo ha copiado lo más despreciable de Occidente, pero casi ninguno de sus valores positivos, el mismo primer mundo anda desde hace años revuelto en el lodo de sus defectos y sin saber transmitir a sus hombres ricos y pobres la grandeza de la auténtica libertad y no la miseria de la especulación en bolsa.

A Tyson le habían  enseñado a ser Zeus, pero no había aprendido cómo ser un buen hombre. Cuando estuvo en lo más alto se dejó llevar, algo muy comprensible, y su falta de disciplina le supuso la derrota frente a Buster Douglas en febrero de 1990. Pero lo peor no es relajarse deportivamente y perder, sino lo mal que aceptó ser humano y poder fallar. Su capricho sin límites lo mismo le hacía malgastar los muchos millones que ganaba, que no aceptar un no por respuesta de una mujer (por lista y aprovechada que fuese). Su orgullo y bravuconería le hacían pelearse con aparcacoches por cualquier tontería o morder orejas de rivales cuando no era capaz de vencerles en el ring. Iron Mike tenía los puños de acero, pero su corazón se había forjado en la peor escuela de la vida y no en el crisol del respeto. Su cuello era una torre de fuerza, pero su alma desconocía la dulzura del perdón y la comprensión. Las calles y la violencia raramente son la mejor Universidad si no se las sabe domeñar con las letras del amor.
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Tyson me atrajo como muy pocos deportistas lo han hecho. No era sólo su pegada y su agresividad extraordinarias, era esa increíble defensa basada en el balanceo constante del cuerpo (como Frazier, pero más rápido) para evitar el alcance de los boxeadores más altos  (casi todos) y así colocar el sus tremendos mandobles al cuerpo y a la cara. Nada de golpes aislados, combinaciones constantes, presión al rival, preocuparle con el gancho para luego sorprenderle con el croché (el paralelo) y rematarle con el uppercut (hacia arriba). Y todo ello con una rapidez de pies y de manos imponente, esa velocidad que mata. Algunos aficionados del resto del mundo se hartaban de ver acabar tan pronto el combate después de haber pagado, pero poco nos importaba a quienes en España apenas habíamos oído hablar de canales privados en esos años finales de los 80. Iron Mike no tenía el carisma bocazas de Alí, pero su mirada implacable y su cuello desproporcionadamente ancho eran tan mediáticos como el baile del genio de Louisville. Gracias, Tyson, por esos knockouts inolvidables. Por la unificación del título para que en los rings se volviese a escuchar la dulce música del "Undisputed Heavyweight Champion of the Wooooooooooorld....." Por la pasión y la fuerza de aquel golpe supremo a Tyrell Biggs que le hizo volar toda la vaselina de su cara en una imagen televisiva para la historia. Por el poderío de tu recuperación frente a Bruno. Incluso por el espectacular KO a plomo del viejo e inteligente ex campeón Larry Holmes, que te había insultado en la rueda de prensa diciendo que acabarías como has acabado.
 Gracias por tantos momentos de gloria y explosividad en muchas de tus 50 victorias, 44 de ellas antes del límite. Prefiero olvidar la tristeza de tus mordiscos en la oreja del gran Evander Holyfield, tus pobres trifulcas con Orlin Norris y Golota, tu deplorable final de carrera y, sobre todo, las cornadas que te ha dado la vida por tu mala cabeza y tu peor educado corazón. No hay nada más humano que la debilidad, ni nada más divino que el perdón. Ojalá que sepas llevar con dignidad tu futuro, incluso en las superficiales fiestas de los niños ricos, y dentro de muchos años puedas ser feliz y bueno en tu vejez. Siempre nos quedará tu estampa magnífica, la de uno de los grandes campeones de los pesos pesados. THANKS FOR THE MEMORIES.

Para acabar, aquí incluyo un reportaje hecho sobre su vida al final de su carrera, con un Tyson mucho más triste y reflexivo que el de los vídeos de 1988.