ROBERTO CARLOS da Silva (1973) es uno de los laterales izquierdos más conocidos y desequilibrantes que ha tenido el fútbol durante los últimos veinte años. También de los más populares y espectaculares gracias a su poderoso disparo "a tres dedos" con efecto, verdadero sello personal e inconfundible. Espectacular también porque, debido a su físico chiquito (1'68 mt) pero privilegiado, los muchos huecos que dejaba al subir al ataque luego los cubría con una velocidad fulgurante y fuerza arrolladora cuando se lanzaba a los pies del atacante. Por eso uno de los defensas más divertidos para los aficionados. Famoso igualmente, claro está, por el palmarés de un hombre que ha sido 125 veces internacional por Brasil, campeón del Mundial 2002 y finalista en el 98, (ambas en el once ideal del Torneo), doble campeón de la Copa América (97 y 99), y con un rosario de títulos de club, incluidas tres Champions. Pero, sobre todo, por haberse tratado, quizá, del segundo mejor lateral izquierdo de los últimos veinticinco años sólo muy ligeramente por detrás de Paolo Maldini (que también podría considerarse central). Aunque hay quien puede dudar del segundo puesto e incluso quiera ponerle en el primero.
Tras darse a conocer en el entonces poderoso Palmeiras (Djalminha, Rivaldo), el Inter de Milán lo ficha con 22 años, en 1995. Cuando Capello se va al Madrid, 1996, pide y consigue su fichaje, y es en el equipo merengue donde Roberto Carlos consigue renombre mundial y un récord de once años en el club. Al acabar esa temporada consigue con Brasil, en el Torneo de Francia, su gol más conocido, el tiro libre con efecto externo. Durante su carrera consiguió un par o tres aún más brillantes y espectaculares, pero esa rosca tuvo algo único que todavía se recuerda. En cualquier caso fue una demostración más de su capacidad de golpeo, sólo a la altura de esa mezcla de explosividad y potencia características de su juego, no exento de entradas violentas. Por su fútbol llamativo y chispeante y su popularidad, el lateral brasileño era la estrella defensiva en el Madrid galáctico del primer Florentino Fernández, obsesionado en fichar balones de oro (Owen) y futbolistas mediáticos (Beckham), en detrimento del equilibrio en el juego (Makélélé), pero que reunió a una pléyade de jugadores de extraordinario nivel: Ronaldo, Zidane, Figo... para reunirlos con los Roberto Carlos, Raúl, o el final de la carrera de Hierro.
Con Brasil, su mayor éxito fue la victoria en el Mundial 2002, y el más difícil en su caso no fue la final perdida en el 98, sino el gol de Henry que eliminó a Brasil en los cuartos de final del Mundial 2006. Y fue el más difícil porque el delantero francés entró al remate de una falta lanzada por Zidane mientras Roberto Carlos se ataba la bota en lugar de defender su posición. En cualquier caso ese error no empaña sus 125 internacionalidades.
Tras el Real Madrid, en 2007, Roberto Carlos pasó dos temporadas en el Fenerbahçe turco, dos en el Corinthians brasileño (volvió a jugar con Ronaldo) y ahora está acabando su carrera como jugador y empezándola como entrenador en el millonario Anzhi ruso (con Eto'o). Un jugadorazo.
Leovigildo Lins da Gama, JÚNIOR, (1954), era un diestro que jugaba por la izquierda, sobre todo para el Brasil espectacular, brillante y frustrado del Mundial de 1982 (y también 1986). Lo cierto es que este jugador sí era un perfecto ejemplo de lateral técnico, talentoso, hábil, con toque, habilidad, chut y regate, aunque su extraordinario nivel ofensivo le hacía ser algo descuidado en defensa. Por su constante presencia en la medular y cerca del área contraria, se le podía considerar el quinto hombre del centro del campo brasileño que, con él, en España estaba formado por Zico como mediapunta, Sócrates mediocentro ofensivo, Falcao volante, Toninho Cerezo pivote defensivo y Júnior carrilero para todo. Un festival de pases, fintas, regates, fantasías, paredes y goles, muchos y buenos goles.
Como jugador de club, Júnior tuvo su paso por la liga italiana (1984-89), en el Torino y el Pescara, pero la mayor parte de su carrera la pasó en el Flamengo, (14 temporadas), cuya principal estrella era su compañero en la seleçao, Zico. Uno de los laterales izquierdos más técnicos y exquisitos que se han visto.
Claudio Vaz Leal, BRANCO, (1964) estaba destinado a la suplencia en el Mundial de Estados Unidos'94, pero Leonardo fue expulsado en los octavos de final por darle un codazo al local Tab Ramos y eso le permitió recuperar la titularidad hasta el título. Su acción más recordada es el gol de falta en cuartos de final contra Holanda, el decisivo 3-2. Los tiros libres de gran potencia eran su especialidad. Sin ser una gran estrella, era un lateral fuerte y bastante completo, que participó en tres Copas del Mundo (1986, 90 y 94).
LOS ARGENTINOS
Alberto César TARANTINI (1955) fue el lateral izquierdo de la Argentina campeona del Mundial 78 y poco exitosa en 1982. El gran líder de esa defensa era el capitán Passarella, pero la verdad es que "El Conejo" jugó a un excelente nivel en la albiceleste y demostró estar entre los mejores en su posición de finales de los 70 y principios de los 80. Se desempeñó en equipos de Inglaterra, Francia y Suiza, pero sus mayores logros los consiguió en los dos grandes de Buenos Aires: Boca Juniors (Libertadores de 1977) y River Plate. Era un futbolista rápido y seguro en defensa, con técnica aceptable y digno rematador de cabeza, un lateral fiable y con buen físico. Marcó uno de los seis goles argentinos en el polémico partido contra Perú.
Juan Pablo SORÍN (1976), carrilero izquierdo, participó en el Mundial de2002 y fue el capitán de la albiceleste en el de 2006. En Europa tuvo una carrera llena de altibajos en la Lazio, un paso fugaz por el Barcelona y la Juventus, un poquito de París Saint Germain y una estancia más seria en el Villarreal y en el Hamburgo. De todos modos, donde hay que buscar su verdadero asentamiento es en el fútbol sudamericano, especialmente en River Plate (ganador de cuatro torneos argentinos y la Libertadores del 96) y en el Cruzeiro. Allí fue donde pudo jugar con libertad y eficacia corriendo la banda de arriba abajo como a él le gustaba, pleno de velocidad, dinamismo, regates y técnica. Un lateral a la americana.
URUGUAYO
PAOLO MONTERO Iglesias (1971) jugó trece temporadas en Italia, nueve de ellas (1996-2005) en la poderosa Juventus, donde se desempeñaba como lateral o central de forma indiferente, aprovechando al mismo tiempo su velocidad, técnica y contundencia. Montero, hijo de un conocido central que estuvo en España a mediados de los setenta, era uno de esos platenses que se adaptan bien a la dureza del Calcio gracias a su gran espíritu competitivo y dureza mental. Claro que en su caso la dureza no era sólo mental, puesto que superó la ya contundente manera de actuar de su padre y se convirtió en uno de los defensores más temidos y sancionados de la Serie A, con sus 16 tarjetas rojas, ganadas a pulso con sus terribles entradas. De todos modos, no se trataba de un hombre con poco más que fuerza, sino que tenía fútbol de verdad en sus pies, y muchas veces era el encargado de sacar el balón controlado desde el área juventina porque tenía más talento que la mayoría de los zagueros italianos. La suerte le fue esquiva a la Vecchia Signora en Europa durante su estancia (tres derrotas en finales), pero siempre fue uno de los equipos punteros del continente y gran dominador del Calcio. Y Montero mostró calidad suficiente para ser uno de los puntales de su defensa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario