martes, 24 de enero de 2012

Pasión de los fuertes (I). El Rey Lothar.

Esta serie trata sobre los principales centrocampistas defensivos y todoterreno del fútbol moderno y contemporáneo. Comienzo con los alemanes, y, dentro de ellos, con un auténtico cañón, Matthäus, los otros dos son Bonhoff y Frings.

LOTHAR Herbert MATTHÄUS (1961) fue internacional con la selección absoluta de Alemania durante 21 años, desde la Eurocopa de 1980 hasta la del 2000, y, en este período, su imponente récord de 25 partidos en Copas del Mundo, porque ha participado en cinco ediciones, 1982, 86, 90, 94 y 98. Una barbaridad tan grande como sus 150 partidos con la camiseta germana. De talla normalita, 1'75, Matthaus destacó siempre por tener un cuerpo robusto y las características que hacían de él un perfecto ejemplo del centrocampista todoterreno: carácter y liderazgo, apabullante potencia física, disparo fortísimo, velocidad, gran capacidad de conducción, enorme resistencia, buena técnica y pase, magnífico sentido del posicionamiento para la defensa y recuperación del balón y visión del juego ofensivo. Lo único que no tenía era el talento y la genialidad de los jugadores exquisitos, pero está claro que eso no le impidió convertirse en una de las grandes estrellas de finales de los ochenta y principios de los noventa. Ese año 1990 había liderado a su país al título mundial, con lo que consiguió el Balón de Oro, y al siguiente se convirtió en el primer ganador del Fifa World Player.
Torminator (tor es gol en alemán) había empezado a despuntar desde muy joven en el Borussia Moenchengladbach, y ya a los 19 años formaba parte de la selección campeona de la Eurocopa en 1980, aunque desde el banquillo, amén de llegar (pero perder) la final de la Uefa con  su club. A los 23 lo fichaba el Bayern Munich, donde viviría dos etapas, en esta primera (1984-88) ganaba tres ligas y perdía la final de la Copa de Europa del 87. Matthaus ya se había consolidado como el perfecto todoterreno del centro del campo alemán, tanto en su faceta ofensiva como en la defensiva, por eso en la final del Mundial 86 le tocó la ingrata tarea de controlar el ataque de Maradona aprovechando su fuerza y su velocidad. Ciertamente el genio argentino no consiguió marcar, pero sí le pasó la pelota decisiva a Burruchaga para el 3-2 definitivo. En la Eurocopa del 88 ya era considerado la principal estrella de su equipo, pero se cruzó en semifinales la Holanda de Van Basten, Gullit y Rijkaard (más Koeman). Precisamente la tripleta holandesa era la punta de lanza del juego creativo del Milán de Sacchi, el gran rival del Inter de Milán, por el que Matthaus acababa de fichar en 1988. Allí se encontraba con su compatriota Brehme y conseguía la liga, pero como el AC Milan ganaba la Copa de Europa, el Inter contrataba al delantero germano Klinsman. El duelo estaba servido, pero lo cierto es que el equipo de Sacchi, con Baresi y el joven Maldini como estrellas defensivas, es mucho más recordado tanto por sus éxitos internacionales como por su juego. La Uefa ganada en 1991 acabó siendo poco premio para lo mucho que daba de ese gran trío alemán.
Porque esos tres jugadores fueron las estrellas del campeón del Mundial 1990 celebrado en Italia. Había mucho equilibrio en esa selección: con el duro y eficaz Kohler, más los imponentes Buchwald y Augenthaler en el centro de la defensa. Berthold era un magnífico lateral diestro, el entonces veterano Littbarski seguía siendo un extremo genial, Hassler un volante lleno de talento, Möller un gran mediapunta y Voller  era una eterna amenaza en el área. Pero en la defensa nadie disparaba roscas increíbles como Brehme, nadie corría como una gacela en ataque igual que Klinsman y, desde luego, nadie dominaba el centro del campo y chutaba con la fuerza y el poderío que demostró el impresionante Matthaus en ese campeonato. Fueron los mejores y se tomaron la revancha en octavos con Holanda, en la que Van Basten llegó mermado y se quedó sin marcar en todo el Mundial. Lothar se convertía en el rey de esa Copa del Mundo.
En 1992 volvía al Bayern de Munich, en el que pasaría las últimas siete temporadas y media de su carrera de club  (añadió 16 partidos en el Metrostar de  Estados Unidos) y allí fue donde cambió su posición de centrocampista a líbero, y siguió rindiendo a un gran nivel porque su físico, su sacrificio y, sobre todo, el gran sentido del posicionamiento, le convirtió en uno de los mejores defensas de los 90, pese a su edad. Ganó otras cuatro bundesligas y la Uefa del 96, pero los bávaros perdieron la final de la Copa de Europa del 99 frente al Manchester en un final dramático justo cuando Matthaus había sido sustituido yendo 1-0 para el equipo alemán. Lothar se convirtió en uno de los símbolos modernos del Bayern Munich y de la selección alemana. El mejor todoterreno del último cuarto del siglo XX.
RAINER BONHOFF (1952) se movía con soltura en cualquier posición del centro del campo, especialmente por la derecha, y fue de ese lado del campo, pero en posición de extremo, donde realizó la jugada más importante de su carrera, el pase del gol ganador del Mundial 74 a Gerd Müller. Antes había formado parte de la selección ganadora de la Eurocopa de 1972, pero sólo como suplente. En  la de 1976 fue uno de los mejores de Alemania, que perdió la final con Checoslovaquia. Bonhoff, que ya fue campeón de la liga germana en 1971 y finalista de la Uefa en el 73, formó con Uli Stielike una excelsa pareja en el centro del campo del Borussia de Moenchengladbach triple ganador de la Bundesliga en 1975-76-77, campeón de la Uefa 1975 y subcampeón de la Copa de Europa 1977. Stielike era todo fuerza y contundencia, un centrocampista defensivo extraordinario, que en la selección alemana se convirtió años más adelante en un libre escoba estelar, uno de los mejores que se han visto, de ahí que no lo incluyo en esta serie sino para cuando toquen los defensas. Bonhoff lucía tanto en ataque como en la recuperación del balón, y su marca personal era la potencia extraordinaria de su chut, especialmente en los tiros libres, por eso no era fácil decidir si colocarlo como volante o como centrocampista defensivo. Tras el Mundial 78, fichó por el Valencia para formar pareja con Kempes; en el equipo che ganó la Copa del 79 y la Recopa del 80 antes de volver a Alemania con el Colonia. Acabó su carrera a los 31 años en el Hertha de  Berlín por una lesión.Un jugador completo, que dejó buen sabor de boca en Valencia y fue estrella en el Borussia.
TORSTEN FRINGS (1976) sí era un verdadero centrocampista defensivo, un jugador sacrificado y con buen  sentido de la posición, recuperador de balones y capaz de cubrir cualquier hueco que dejaran los defensas cuando se iban al ataque. De todos modos, de vez en cuando, sin excesos, también le gusta sumarse al ataque gracias a su capacidad de conducir el balón con velocidad, fuerza y técnica, amén de chutar duro y preciso. Estuvo a muy buen nivel en la selección alemana durante casi toda la primera década de este siglo (no fué al Mundial de 2010). El principal club de su carrera ha sido el Werder Bremen (12 temporadas), aunque también ha jugado en el Borussia de Dortmund (2 años) y el Bayern Munich (1). Actualmente está acabando su carrera en Toronto. Frings nunca ha sido una estrella, pero sí uno de los futbolistas más fiables de la Alemania de este siglo.

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