Un país especializado en mediocentros creativos es Argentina. Muchos de ellos quieren llevar el 10 por el recuerdo de Maradona, pero lo cierto es que no pueden ser mediapuntas porque les falta velocidad y llegada, son centrocampistas talentosos y organizadores. De ellos me ocupo en este capítulo.Y he escogido a cinco: Ardiles, Riquelme, Verón, Redondo y Bochini.
OSVALDO César ARDILES (1952) era el hombre que condujo el centro del campo argentino al título mundial de 1978, no podía ser de otra manera porque ya había sido el favorito del seleccionador Menotti desde su llegada al club Huracán. Pequeño, escurridizo y vivaz, Pitón Ardiles destacaba por la inteligencia de sus movimientos y pases, propios de un especialista, uno de los mejores conductores de juego que conoció el fútbol de los 70 y principios de los 80. En Argentina fue un jugador discutido, pero él siempre se mantuvo al margen de los mentideros y las polémicas. Lo que importaba era la manera sobria y eficaz que tenía de organizar el ataque y hacer llegar balones a los delanteros del equipo, Kempes, Bertoni y Luque.
Tras la gloria del Mundial, fichó por el el principal club de su vida, el Tottenham, junto a su compañero Villa, un volante alto y fuerte que ponía el contrapunto físico a su fútbol inteligente. Allí estuvo una década, con la excepción de la temporada 1982-83, en la que se marchó cedido al PSG francés por la tensión generada entre ingleses y argentinos debido a la guerra de las Malvinas. En el club londinense, Ossie (como le llamaron) se convirtió en ídolo de la afición y formó una de las mejores parejas de centrocampistas del fútbol británico con Glen Hoddle, que era más llegador que él, pero menos hábil en la conducción y organización del juego. De sus títulos en Inglaterra destaca la Uefa de 1984, amén de un par de Copas.
Con Argentina jugo también el Mundial de España'82, de peor recuerdo tanto para su selección como para él mismo.
Juan ROMÁN RIQUELME (1978) es uno de los jugadores fetiche del fútbol argentino y, sobre todo, de los aficionados de Boca Júniors. Desde su primera juventud iba directo a la fama, y ya en 1997, con 19 años, era campeón mundial sub 20 en un centro del campo formado por él mismo como organizador, Cambiasso como todoterreno y Aimar en funciones ofensivas. La llegada del Virrey Bianchi a Boca como entrenador supuso el lanzamiento al estrellato de Riquelme, al darle el mando indiscutible del centro del campo y adjudicarle el deseado número 10 de figura del equipo, aunque su juego era de 8. Román, como a él le gusta poner en su camiseta, empezó a acumular títulos porque Boca funcionaba como una máquina con su dirección, los centros de Barros Schelotto y los goles de Palermo. Ganaron tres títulos nacionales y dos Libertadores, convirtiéndose en el mejor equipo americano de la época, y él se asentaba como favorito de la hinchada xeneize con sus pases milimétricos, su manejo lento pero seguro, y los extraordinarios disparos desde la larga distancia. El único pero era su carácter, eso que los argentinos llaman "Pecho Frío" en este caso no por falta de competitividad y espíritu ganador, sino porque era un jugador distante, introvertido y de humor difícil, poco compatible con el sentimiento de conjunto.
En cualquier caso se trataba de un futbolista genial, un hombre capaz de gestos maravillosos, regates imposibles, controles y pases reservados a los mejores. Pero las cosas se torcieron. Salía de una lesión cuando lo fichó el Barça en 2002 y allí se encontró en la peor de las situaciones: a un equipo desorientado había vuelto Van Gaal en su temporada más triste. El entrenador holandés era cualquier cosa menos un fan del estilo pausado del argentino (y tampoco es que bebiera los vientos por su compañero Saviola), así que acabó viendo muchos partidos desde el banquillo y lleno de frustración, a la que nada favoreció su carácter. Su fútbol se recuperó con la cesión al Villarreal de Pellegrini al año siguiente y llegó a un muy alto nivel en la temporada 2004-2005, en la que fue uno de los mejores jugadores de la liga española y, además de mandar en el equipo con elegancia y maestría, consiguió una estupenda quincena de goles. Al año siguiente empezó a resentirse de problemas físicos y, sobre todo, él mismo comenzó, sin decirlo, a no sentirse bien en España y deseaba volver a su país; le faltaban ganas y espíritu para acabar de triunfar en el fútbol europeo. Por eso estuvo de vuelta en Boca a principios de 2007.
Topo Gigio, por sus orejas que aún destacan más en el gesto que realiza para celebrar sus goles, ganó su tercera Copa Libertadores ese año 2007 y siguieron los títulos en 2008, (Apertura, Recopa), incluido el oro olímpico. Eso le valió su tercer nombramiento como jugador argentino del año (2000, 2001, 2008), a pesar de haberse perdido muchos partidos por continuas lesiones, que ya han marcado de forma definitiva la parte final de su carrera. Un verdadero símbolo al que le han dedicado una estatua en la "Institución Xeneize" de Boca, cuyon aficionados jóvenes le votaron en 2007 en la página web del club como mejor jugador de la historia, por delante de Maradona, ante el escándalo de sus mayores. Este dato da una idea de cómo su juego hábil, técnico y fantasioso ha impactado en la hinchada.
Juan Sebastián "LA BRUJITA" VERÓN (1975) no tuvo nunca el toque mágico y el regate magistral de Riquelme, con el que nunca se llevó muy bien, sin embargo su juego eficaz e inteligente le valió una carrera mucho más brillante y completa tanto en la selección como en Europa. Empezó a destacar en Estudiantes de la Plata, el mismo club del que su padre, "La Bruja", había sido ídolo a finales de los 60 y en los 70. Con 20 años es traspasado a Boca y allí le descubren los italianos: en 1996 lo ficha la Sampdoria e inicia su exitosa primera etapa italiana, país en el que consigue el mejor nivel de juego. Se convierte en uno de los mejores centrocampistas de la Serie A en la Sampdoria (1996-98), gana la Uefa y la Copa en el Parma (temporada 1998-99) y consigue el Scudetto (y la Copa) con la Lazio en la temporada 1999-2000. Su unión de fuerza física, recuperación, buena técnica, calidad y, sobre todo, gran carácter y espíritu ganador, encajan de maravilla en el Calcio.
Ferguson quiere un líder y lo ficha para el Manchester United en 2001 por más de 42 millones de euros, récord del futbol inglés hasta entonces. Comienza bien, pero su estilo de juego no encaja demasiado con el fútbol de las islas, y es traspasado al Chelsea tras ganar la Premier de 2003. En el equipo londinense pasa una experiencia frustante, y en enero de 2004 ya está de vuelta en Italia para jugar con el Inter hasta 2006, pero su fútbol no vuelve a ser el mismo que en su primera etapa italiana. Y decide volver a Estudiantes de la Plata once años después. Allí, con menos exigencia física, vuelve a mostrar espíritu de líder y juego técnico y completo: tiene importantes éxitos, como la Libertadores de 2009 y dos torneos Apertura, amén de numerosos reconocimientos individuales al ser considerado varias veces entre los mejores jugadores argentinos y sudamericanos.
Con Argentina disputó los Mundiales de 1998 y 2002, pero no el de 2006 por su enfrentamiento con Riquelme. La Brujita fue convocado una vez más para la Copa de 2010 por Maradona, aunque fue perdiendo la titularidad a medida que avanzaban los partidos. Un gran jugador.
FERNANDO Carlos REDONDO Neri (1969) era un supuesto centrocampista defensivo con alma de mediocentro creador por su velocidad, visión y el talento para la conducción, el regate y el pase. Lo que tenía de defensivo era su sentido de la posición y la capacidad para tapar huecos y robar balones. La otra razón por la que se le consideraba un futbolista poco ofensivo era la poca llegada a gol, ya que apenas consiguió 14 en el total de su carrera. Redondo ganó un Mundial juvenil con 16 años, en 1995, y estuvo jugando en Argentinos Juniors hasta que lo fichó un club de la liga española, el Tenerife, en 1990. Allí, preferentemente con Jorge Valdano de entrenador, fue convirtiéndose en uno de los mejores centrocampistas del fútbol español, hasta que el entrenador argentino se incorporó al Real Madrid y lo pidió como primer fichaje de la temporada 1994-95. Justo antes de llegar al club merengue participó en el Mundial de Estados Unidos, en una magnífica selección, desafortunada tras el dopaje de Maradona. Con Argentina, su mejor resultado fue el año anterior, al conseguir el título de la Copa América en 1993. En el Real Madrid juega al nivel esperado, siendo el hombre que da un toque de fantasía a la solidez que ya otorgaba Hierro a la salida del balón desde la defensa; se consolida como pivote completo, que ayuda al sistema defensivo al mismo tiempo que domina el centro del campo con ese regate tan especial, como el realizado en Old Trafford durante la Champions del 2000, de la que fue escogido mejor jugador. El Real Madrid lo traspasa al Milan en el 2000, pero allí no podrá superar sus problemas de lesiones, y apenas juega durante cuatro temporadas hasta que decide retirarse. En la albiceleste, El Príncipe se enfrenta al seleccionador Passarella porque no quiere cortarse el pelo ni está de acuerdo con un par de sus opiniones, y se pierde el Mundial de Francia 1998, cuando está en forma, y allí se acabn sus oprtunidades en esos Torneos internacioanles. Tal vez no llegara al nivel de estrella, pero su calidad y talento en la liga española hizo que la agencia EFE llegara a votarlo como el mejor iberoamericano que había jugado en nuestra competición a lo largo de los 90.
RICARDO "EL BOCHA" BOCHINI (1954) es un futbolista desconocido en Europa, pero posiblemente el mayor símbolo del club Independiente de Avellaneda, con el que jugó durante toda su carrera profesional hasta su retirada en 1991.Talentoso, hábil y dotado del carácter de líder propio de los grandes armadores argentinos, El Bocha, se convirtió en santo y seña de su equipo durante dos décadas, en las que consiguió 5 Copas Libertadores y otros tantos títulos nacionales. En su país todavia se llaman pases bochinescos a las asistencias que dejan sólo al delantero para marcar, porque muy pocos jugadores han tenido tanto peso en su liga. En cambio, por diferentes razones, su suerte en la selección fue muy escasa, con apenas once participaciones, entre las cuales está el título Mundial de 1986, pero desde el banquillo. Inteligente y, a veces, genial, merece un lugar entre los grandes mediocentros argentinos del fútbol moderno.
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