En mi repaso por mediocentros europeos debo empezar por un supuesto ausente debido a la edad. Ya dije en el primer capítulo de esta serie que Netzer fue una de las figuras clave del futbol alemán de principios de los 70, pero que no llegó a campeón mundial por su competencia con Beckenbauer, a pesar de haber sido una de las grandes estrellas de la Eurocopa del 72. En cualquier caso, su año de nacimiento (1944) le dejaba en principio fuera de estos artículos. En Holanda hay otro mediocentro que fue figura clave en los inicios del fútbol moderno, Wim Van Hanegem, también fuera de edad (1944), que era el líder y capitán del gran rival del Ajax, el Feyenoord campeón de la Copa de Europa en 1970 y de la Uefa en 1974, y eso le convertía en el segundo de a bordo entre los jugadores de la Naranja Mecánica, sólo eclipsado por el brillo estelar del gran Cruyff, abanderado del fútbol total y gran precursor de la Era Moderna en este deporte. La ausencia de ambos explica la diferencia de brillo entre la sublime Holanda de 1974 y la dinámica y práctica de 1978, ambas frustradas subcampeonas. Como no voy a mencionar a Rijkaard entre los mediocentros creativos, debido a sus grandes cualidades defensivas, y Snejder se me escapa claramente por ser joven (1984), he creído aún más necesario mencionar al inteligente conductor y pasador VAN HANEGEM, e incluso poner un vídeo.
Vincenzo, ENZO, SCIFO (1966) jugó 4 Mundiales con Bélgica, 1986, 90, 94 y 98 debido a su enorme talento para llevar el balón, regatear y pasar a los compañeros. Scifo es el jugador belga con mejor toque y más exquisito que ha habido, aunque no tenía la regularidad ni fiabilidad de los compatriotas que he mencionado en series anteriores, como Ceulemans, Nilis, Wilmots o Vandenbergh, y, desde luego mucho menos que el lateral Gerets, que ya citaré en su momento. Genial e imprevisible, asistente imaginativo en corto y largo, y muy buen chutador, destacó desde muy joven en el Anderlecht, y a los 21 años (1987) ya lo fichaba el Inter. No tuvo suerte ni allí ni en el Girondins de Burdeos, pero relanzó su juego y su carrera en el Auxerre, el Torino y el Mónaco, antes de volver a su Anderlecht. No llegó a alcanzar el nivel que se esperaba de él por falta de regularidad.
LOS DANESES
FRANK ARNESEN (1956), danés, era el más joven de las tres estrellas veteranas que se proclamaron campeones de la Copa de Europa con el PSV Eindhoven, los otros fueron Gerets (1952) y Willy Van der Kerkhof (1951). Ese mismo año, que fue el de su retirada por problemas físicos, ganaba su sexta liga holandesa. Las tres primeras las había conseguido en el Ajax posterior a Cruyff y Neeskens, adonde había llegado en 1975 sin cumplir los 19 añitos junto a su compatriota Lerby, dos años aún más joven. Arnesen era un futboilista alegre y con buen físico, amigo del juego ofensivo y la velocidad, amén de saber conducir y pasar, como buen centrocampista. En España jugó con el Valencia de principios de los 80 (81-83), con buen nivel pero sin grandes resultados. Los tendría mejores luego en el Anderlecht y el mencionado PSV, donde volvió a coincidir con Lerby. Con Dinamarca destacó más en la Eurocopa de 1984 que en el Mundial 86, pero en ambos casos su país fue eliminado por España.
JAN MOLBY (1963) llegó a Ajax en 1982, una temporada después de marcharse Arnesen, pero su principal club sería el Liverpool, donde pasaría una década larga, si bien sólo en la mitad de esos años tuvo una actuación destacada, porque las lesiones marcaron su carrera. Fue otro de los miembros de la llamada Dinamita Danesa, una selección con vocación ofensiva. Molby, que sonó para el Barça en los primeros tiempos de Cruyff como entrenador, era un mediocentro todoterreno, que lo mismo podía crear que ayudar en la presión. Un jugador hábil y completo, especialista en lanzar penaltis.
AUSTRÍACO.
HERBERT PROHASKA (1955) ha llegado a ser votado como el mejor jugador austríaco de la segunda mitad del siglo XX gracias a su seguridad y regularidad, que le llevaron a destacar durante quince años en la selección de su país. En 1980, dos años después de que Austria y él mismo tuviesen un buen papel en el Mundial de Argentina, este mediocentro de espectacular pelo rizado fichó por el Inter de Milán, pero fue en la Roma donde ganaría el Scudetto de 1983 antes de volver a su club de siempre, el Austria Viena, con quien ganó siete ligas. No era un virtuoso, pero su bigote siempre marcaba el ritmo de la selección con inteligencia, seguridad y buen pase, por esos siguió liderándola en el Mundial de España 82.
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