lunes, 12 de marzo de 2012

Dos cabalgan juntos (IX). Los muros

Centrales y líberos argentinos: Passarella, Ayala, Ruggeri, Chamot y Samuel.

DANIEL PASSARELLA (1953) era el capitán de la Argentina campeona en su Mundial de 1978. El gran jefe de la defensa albiceleste comandaba una línea sobria y segura con un gran valladar bajo los palos, su compañero en River Plate Fillol, y cuatro hombres fuertes: Olguín, Galván, Passarella y Tarantini. El mejor de los cuatro era, de largo, el Káiser Passarella, un líbero chaparrete que, pese a su estatura, 1'73 mt, dominaba como pocos el juego de cabeza y le pegaba durísimo en las faltas. Hombre robusto y con alma de líder, comandó siempre con mano firme la selección de Menotti, desde luego con más éxito en el Torneo del 78 que en el disputado cuatro años más tarde en España. Tenía una técnica aceptable, si bien la clave de su juego era la garra, las ganas y su fuerte personalidad. Todo ello no sólo le ayudaba en la zaga, donde se mostraba rápido y contundente para cortar los avances de los rivales, sino también a la hora de avanzar hacia el remate, cosa que hizo con mucha frecuencia, sobre todo en su juventud, llegando a marcar 24 goles en los enfrentamientos ligueros de 1976 con River Plate, el principal club de su vida deportiva y con el que consiguió cinco títulos nacionales.
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Tras el Mundial del 82, como tantas otras estrellas de su tiempo, comenzó su periplo de seis temporadas en el fútbol italiano, con la Fiorentina y el Inter. Allí se reafirmó como uno de los mejores defensas del mundo y un jugador con buena capacidad goleadora, a pesar de estar en una liga nada dada al ataque y siempre con marcadores cortos. Imponía su fuerza, lucha constante y esa rabia que fue marca de la casa durante toda su carrera y que le permitió ser uno de los defensas más anotadores y eficaces del fútbol moderno, sin tener una técnica comparable a la de otros jugadores más brillantes, como el italiano Scirea. En el verano que lo fichó el Inter, 1986, fue seleccionado para el Mundial de Méjico, pero problemas intestinales y un desgarro impidieron que el Gran Capitán pudiera ayudar a Maradona en la consecución del segundo título para Argentina. Contempló todo el Campeonato desde el banquillo (el hombre que ocupó su puesto en el once albiceleste, José Luis Brown, fue el autor del  gol inicial en la final).
Passarella, el mejor líbero del fútbol argentino, un defensa completo y lleno de energía, se retiró en su querido River en 1989 tras un superclásico que los gallinas le ganaron a los bosteros de Boca por 2 a 1.
ROBERTO FABIÁN AYALA (1973) fue el defensa clave en los éxitos del Valencia de Rafa Benítez, campeón de liga en 2002 y 2004. Durante sus buenos años en Mestalla era el central perfecto: rápido en cualquier situación, resistente, duro, incansable, inabordable por arriba gracias a su salto y su habilidad para marcar los tiempos, potente y preciso en las entradas, valiente en el choque y listo para cubrir espacios y anticiparse al rival. Fuese con Marchena o Pellegrino, Ayala era siempre el eje de la zaga valencianista en un equipo que contaba con muchos jugadores expertos en la contención, especialmente la pareja de mediocentros, Albelda y Baraja, pero ninguno tan completo como el Sandokán argentino. Fabi llegó a Europa en 1995, fichado por el Nápoles a River, y de allí pasó al Milán en 1998, justo después de ser titular con Argentina en el Mundial de Francia. El club Ché lo incorporó en el año 2000 y pronto demostró todo su potencial. Los éxitos, o casi, llegaron pronto, con la Champions perdida en el 2001 y luego las dos ligas citadas y la Uefa de 2004, amén de ser oro Olímpico con Argentina en Atenas.
Las dos siguientes temporadas estuvieron marcadas por las lesiones, pero, tras su buen Mundial de 20006, recuperó el nivel habitual en su última temporada con los valencianos. Su final en la liga lo pasó en Zaragoza, contemplando primero cómo el equipo bajaba a 2ª y luego, con su poderosa ayuda recuperaba la categoría y él podía dejar el fútbol español habiendo sido uno de los mejores defensas de toda la década en nuestro país. Un ejemplo de cómo debe manejarse un central en un equipo que basase su juego en la seguridad en la zaga  y saber explotar las oportunidades en ataque.
Llamado El Ratón como copia del apodo del otro gran Ayala futbolista, el extremo Rubén, que militó en el Atlético de Madrid de los 70, fue 115 veces internacional con Argentina, y, seguramente, el mejor central que ha tenido ese país durante los últimos veinte años.

ÓSCAR RUGGERI (1962) fue titular en el Mundial 86 ganado por la Argentina de Maradona. Su trayectoria en España resultó corta, una temporada en el Logroñés y otra en el Real Madrid, pero en cambio en América destacó durante muchos años, especialmente en 1991, cuando fue elegido mejor jugador del continente, tras ser el capitán de la albiceleste en la victoria de la Copa América. Era un hombre con planta física y mucho carácter, que jugó con éxito en cuatro de los principales clubs de su país: Boca, River, campeón de la Libertadores 1986, Vélez y San Lorenzo. El Cabezón era un futbolista potente y duro, que sabía compenetrarse con defensas más hábiles y se colocaba espléndidamente para evitar los remates de los delanteros; no era un dechado de clase, pero sí tenía el dominio suficiente para sacar el balón con solvencia. Fue especialmente bien considerado en la selección (a Bilardo le gustaba su estilo), y por eso jugó tres Mundiales (86,con título, y los del 90, subcampeón, y 94) y ganó dos Copas América (91 y 93); de hecho en su momento fue el jugador con más internacionalidades de su país.
JOSÉ CHAMOT (1969) también formó parte de la albiceleste en tres Mundiales (1994, 98 y 2002),. En los dos primeros lo hizo como lateral, pero en el tercero ya actuaba normalmente de central, donde aprovechaba mejor su altura (1'85 mt). Chamotr es un o de esos argentinos que tuvo una carrera larga y exitosa en Italia, por la facilidad con  la que los jugadores de ese país se adaptan al Calcio, debido a su carácter peleón y ganador. Jugó en el Pisa, Foggia, cuatro temporadas en la Lazio y una en el Milán, con el que ganó la Champions de 2003 junto a Maldini. El Flaco Chamot era rápido, por eso pudo jugar de lateral,  listo, con buen físico, llegada y buen sentido del tiempo en las entradas. 
WALTER SAMUEL Luján (1978) destacó en Argentina desde muy pronto, al ser el mejor defensa de la selección juvenil campeona mundial de 1997, en el que la estrellas era Riquelme y Aymar. En España no tiene muy buena fama porque su temporada en el Real Madrid (2004-2005) no fue afortunada ni para él, ni para el equipo blanco.En cambio en Italia  consideran que es uno de los más duros centrales extranjeros que han pasado por la serie A en la última década. Es un defensa aguerrido y con un juego casi violento, al que le gusta marcar rayando siempre lo legal y muchas veces lo menos legal. Empezó a conseguir títulos y renombre en Boca Juniors, campeón de la Libertadores en 2000, y ese año lo fichó la Roma de Capello, que ganó la serie A liderada por los goles de Batistuta. Allí fue donde se ganó el sobrenombre de El Muro por su contundencia y seguridad, por la brega y la fuerza en las entradas. Donde más títulos ha logrado y más lesiones ha sufrido es en su etapa con el Inter de Milán (cuatro ligas y una Champions), equipo en el que juega desde 2005, y donde fue elegido mejor defensa de 2010, en el eje de la zaga formado con el brasileño Lucio. 
Con Argentina ha participado en dos Mundiales, los de 2002 y 2010, pero es en Italia donde, pese a las lesiones, ha encontrado su mejor lugar en los últimos años.

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