CARLES PUYOL i Saforcada (1978. La Pobla de Segur, Lleida). sigue espléndido de forma camino de los 34 años, consolidado ya como uno de los mejores defensas de la última década, y con el orgullo de ser el capitán de uno de los mejores equipos de la historia. Como casi todos los jugadores que basan su gran rendimiento en la garra y el derroche físico, Puyi no fue un talento precoz, sino de desarrollo normal. Tras pasar por el Barça B, debutó con 21 años en el primer equipo durante la última temporada de la primera etapa Van Gaal, la 99-2000, jugando sobre todo de lateral (en las dos bandas) durante los primeros años de su carrera . Pronto se vieron sus características: magnífica forma física, fuerza arrolladora, velocidad, resistencia, agilidad y, sobre todo, más ganas que nadie, una garra, un deseo y un carácter que muy pocos futbolistas han demostrado. Sus primeros años fueron la travesía en el desierto azulgrana; tras su primera temporada se marchaba Figo, más adelante Rivaldo perdía interés en el día a día de los partidos, los fichajes de hombres talentosos no encontraban su sitio (Overmars, Riquelme) o eran un error (Geovanni, Cristanval...). Mientras tanto, en estos años difíciles, dos jugadores de la cantera iban asentándose en el primer equipo: el mediocentro Xavi (favorecido por la marcha de Guardiola) y el gran defensa Puyol, mientras que otros seguían peleando por dar lo mejor de sí, como Luis Enrique y Cocu. Con Ronaldinho (2003) vuelve la sonrisa, el equipo se renueva y, una temporada después, ya caen los títulos (dos ligas y la Champiosn de 2006) con la presencia de Eto'o y Deco. Rijkaard entrega la portería a otro canterano, Víctor Valdés, Iniesta juega y asombra en sus años jovencitos, Messi aparece en el primer equipo, Xavi ya es dueño y señor del centro del campo, y el entrenador holandés decide dejar definitivamente a Puyol como central para aprovechar sus enormes cualidades defensivas justo donde más daño podían hacer los delanteros.
El Tiburón, con los años, conseguía la madurez en su juego para dejar de hacer esfuerzos inútiles de lado a lado del campo persiguiendo rivales e intentaba cada vez menos entradas imposibles. Eso le otorga un punto más de calidad que le convierten en uno de los dos o tres mejores centrales del mundo desde hace bastantes años. El bajón del equipo debido a la poca seriedad en el entrenamiento de Ronaldinho o Deco no afectan su fuerza ni su ánimo, de ahí que fuese uno de los jugadores más regulares del Barça en los malos momentos y ha servido para la revolución ofensiva y creativa que supuso la llegada de Josep Guardiola al banquillo (13 títulos de 16 posibles). El entrenador intenta desde el principio dosificarlo para conservar sus excepcionales condiciones atléticas, a pesar de la edad y su derroche en cada partido. Con el de Santpedor, el rendimiento del Toro de La Pobla no ha bajado y conserva su papel como capitán y líder del vestuario, hombre que arenga a los compañeros, grita y enardece a toda la culerada, que le tiene como verdadero símbolo de la fuerza y el amor al club, en un equipo sobrado de jugadores exquisitos y talentosos, pero también necesitado de carácter y presencia. Con la recolocación de Mascherano en el centro de la defensa, ha encontrado también un posible sustituto para el futuro, amén de la tremenda pareja que forma con el también canterano Piqué, que es un hombre mucho más alto y con otras cualidades.
En la selección absoluta española debutó poco después de ser plata olímpica en Sidney 2000 y, desde entonces sigue en la Roja, aunque con momentos de ausencia en sus primeros años, razón por la cual no es el capitán del equipo, a pesar de ser el más veterano en edad. En cualquier caso ha estado presente en los tres Mundiales y dos Eurocopas (este año llega la tercera) de la última década. Como el resto de los españoles, sus principales éxitos han sido el Europeo de 2008 (pareja con Marchena) y la Copa del Mundo de 2010 (junto a Piqué), en ambos casos formando parte del equipo ideal del Torneo. Destaca, sobre todo, su imponente remate de cabeza en la semifinal mundialista que le otorgó el triunfo a la selección frente a Alemania.
Llamado Tarzán, apodo que ya tenía Migueli en los 70, Carles Puyol es la quintaesencia de la raza, la sangre, la fe y la lucha en el fútbol. Capitán de capitanes, duro, fuerte, rápido, bien colocado, decidido, valiente como ninguno y con una asombrosa mentalidad ganadora, el Nen de La Pobla ha evolucionado técnica y mentalmente para seguir siendo, año tras año, uno de los mejores defensas del mundo.
FERNANDO Ruiz HIERRO (1968, Vélez Málaga) es otro símbolo, pero más ligado a la capacidad de mando y la fuerte personalidad que al derroche; un pedazo de capitán en la selección española y un líder en el Real Madrid. Sus características físicas, 1'87 mt y buena complexión, ayudaron a que esa personalidad arrolladora se fusionara con el fútbol que tenía en sus pies. Y es que El Mariscal no era, en absoluto, un jugador técnicamente pobre, sino que poseía un nivel excelente para conducir el balón y atacar y, cuando se terciaba, tenía mucho gol. Esa combinación de físico, carácter y fundamentos le permitían ser un todoterreno igualmente preparado para jugar de centrocampista defensivo, que de mediocentro creador o de líbero, que fue el puesto en el que más partidos disputó, sobre todo a partir de los 26 años. Por esa época (1994-96) asistíamos a la dicotomía entre los principales equipos españoles y la selección: en sus clubs, jugadores como Luis Enrique, Hierro y Nadal habían pasado a ocupar puestos más defensivos que en sus primeros años. En cambio en la selección, Javier Clemente, entrenador amarreta, los retornaba al origen y reubicaba como centrocampistas de ataque; de hecho su rendimiento era muy bueno y España desplegaba un juego convincente, pero al final acababa cayendo en cuartos de final, como siempre.
Hierro, que se inició como profesional en el Valladolid en 1987, fichó por el Madrid en el 89 y allí seguiría hasta 2003. En sus primeras temporadas solía actuar como todoterreno y tuvo un par de años muy goleadores, especialmente la temporada 1991-92, en la que consiguió 21 tantos en la liga merced a su facilidad para las faltas y los penaltis (aunque el título fue para el Barça), amén del hecho de poseer un buen disparo lejano y ser muy ambicioso en las llegadas y remates de cabeza.
Como he dicho, coincidía con Puyol en tener mucha personalidad y gran fuerza, pero su juego era muy diferente. No sólo era más alto, más ofensivo, chutador y mejor conductor de balón, sino que el juego del madridista siempre estuvo bañado de una pillería y una marrullería muy distintas a las del azulgrana. Por su carácter de líder y jefe de la defensa, era un jugador muy protestón, que gustaba de engañar al árbitro, valiéndose de lo listo que era y de su fama en toda España. Aunque, naturalmente, el Madrid en el que jugó no era tan sucio como el entrenado por Mourinho, ni tenía tanta bula arbitral ganada a base de pura presión mediática y manipulación. El malagueño, en cualquier caso, era mucho más que protestas, era facilidad para ver los espacios, para dirigir a los compañeros, para entrar con fuerza (sabiendo que apenas le señalarían tarjetas), para pasar de cerca y también en lanzamientos lejanos. Hierro fue durante más de una década uno de los mejores líberos del mundo, un hombre excepcional en defensa y con buena llegada en ataque. Una verdadera estrella que, en plena madurez, durante su tercer Mundial, el de 2002, era elegido en el equipo ideal del Torneo (eso sí, España acabó eliminada en cuartos para variar, y encima con robo arbitral frente a Corea), ese mismo año había ganado su tercera Champions.
Con la selección disputó, como he dicho, tres Mundiales, 1994, 98 y 2002. El gol más conocido de los 29 que marco con España fue en el partido decisivo para la clasificación del primero de ellos y frente a la entonces campeona de Europa, Dinamarca, que. una vez más, veía cortado su camino por la Roja.
Mirada al frente, voz de mando, clase en la zaga y poderío: tras la retirada de Baresi, Hierro se quedó como el último gran líbero del siglo XX, uno de los mejores defensas de los años 90 y principios del 2000, y también uno de los grandes símbolos del madridismo.
Todavía más símbolo madridista había sido José Martínez Sánchez, PIRRI, (1945, Ceuta), que durante la primera parte de su carrera, 1964-73, había actuado como centrocampìsta todoterreno pero, con el fichaje de Netzer, pasó a ser líbero y así continuó jugando, incluido el Mundial de 1978, hasta su marcha al Puebla Mejicano en 1980. Pirri era mezcla de garra y lucha sin descanso con una apreciable técnica, combinación que le convirtió en uno de los favoritos del aficionado merengue durante 16 años y en uno de los mejores jugadores españoles de la segunda mitad del siglo XX. Jugó con huesos rotos o dislocados, lesiones musculares de todo tipo y mil golpes, un tipo duro de verdad, pero también con manejo del balón, pase y disparo. Lo mejor de su juego era el equilibrio y la fiabilidad, Pirri servía para todo porque tenía visión, potencia, capacidad de liderazgo silencioso (no era esa voz omnipresente de Hierro), fuerza, una enorme intensidad defensiva y también deseo ofensivo: marcó un par de centenares de goles a lo largo de su carrera.
Todavía más símbolo madridista había sido José Martínez Sánchez, PIRRI, (1945, Ceuta), que durante la primera parte de su carrera, 1964-73, había actuado como centrocampìsta todoterreno pero, con el fichaje de Netzer, pasó a ser líbero y así continuó jugando, incluido el Mundial de 1978, hasta su marcha al Puebla Mejicano en 1980. Pirri era mezcla de garra y lucha sin descanso con una apreciable técnica, combinación que le convirtió en uno de los favoritos del aficionado merengue durante 16 años y en uno de los mejores jugadores españoles de la segunda mitad del siglo XX. Jugó con huesos rotos o dislocados, lesiones musculares de todo tipo y mil golpes, un tipo duro de verdad, pero también con manejo del balón, pase y disparo. Lo mejor de su juego era el equilibrio y la fiabilidad, Pirri servía para todo porque tenía visión, potencia, capacidad de liderazgo silencioso (no era esa voz omnipresente de Hierro), fuerza, una enorme intensidad defensiva y también deseo ofensivo: marcó un par de centenares de goles a lo largo de su carrera.
Desde los veinte años le llovieron los títulos en España, donde ganó diez ligas, además de la Copa de Europa ye ye del 66. Su discreto número de internacionalidades se debe a la mucha menor actividad de la selección nacional, porque lo cierto es que jugó Mundiales con 12 años de diferencia en Inglaterra' 66, de centrocampista, y el mencionado de Argentina'78 como líbero (España no se clasificó para los del 70 y 74). En cualquier caso lo importante es la huella dejada, la convicción en quienes le vieron en su brillante primera etapa, o quienes le comtemplamos en la muy seria y eficaz segunda parte de su carrera, de que estaban frente a uno de los mejores jugadores españoles de siempre.
A ABELARDO Fernández Artuña (1970, Gijón) daba gusto verlo porque no hacía nada mal. Nadie le recuerda como un jugador sucio, sino como un defensor siempre bien colocado, fuerte, que podía ejercer de lateral gracias a su velocidad, que entraba muy bien al remate de cabeza, sobrio y que sacaba el balón jugado desde atrás con inteligencia. Con su Sporting destacó de bien joven y la selección olímpica llamó a su puerta en 1992, ganó el oro en Barcelona y, aunque todos recordamos a Kiko, él fue autor del primer gol de España. Dos temporadas después El Pitu fichaba por el Barça de Cruyff en el inicio de su mala época, pero los errores del genial entrenador holandés no le afectaron, y el Barça contempló a su mejor central español desde Migueli. Durante años estuvieron llegando jugadores nuevos a esa posición o a la de líbero: Blanc. Couto, Popescu, el tocho Bogarde, Frank de Boer, Andersson, Cristanval, Dehú...pero el Barça no contempló mejor pareja que la Abelardo-Nadal (o, antes, Abelardo-Koeman) ni central más fiable y completo que el asturiano. El único que podía tomar su relevo era el joven Puyol, por eso pudo marcharse tranquilo en 2002. Con España jugó dos Mundiales, 1994 y 1998, y otro par de Eurocopas.
El Tarzán original del barcelonismo es Miguel Bernardo Bianquetti, MIGUELI, (1951, Melilla), el jugador que hasta hace muy poquito tenía el récord de más partidos jugados con los azulgrana durante sus casi 16 temporadas en el equipo., desde su fichaje en la exitosa temporada 1973-74, la de la llegada de Cruyff, que fue su entrenador tres lustros después, en su último año como profesional. Migueli tenía un aspecto físico imponente, porque a su 1'85 mt, unía un cuerpo musculado y rocoso, y un rostro de mandíbula poderosa y frondoso bigote. Unía a su potencia desatada un enorme espíritu de lucha y sacrificio, la unión del derroche defensivo y la fuerza, lo que le convertían en un marcador temible y, sobre todo, en un central inabordable, lleno de carácter y, con los años, imbuido de liderazgo en la zaga. Con España jugó el Mundial de 1978. No una estrella, pero sí un central inolvidable.
De Rafael ALKORTA Martínez suele recordarse el magnífico regate en cola de vaca que le hizo Romario, pero está claro que si jugó tres Mundiales con España (90, 94 y 98) es porque merece mucho más que esa anécdota. Porque de Alkorta puede decirse algo parecido al Pitu Abelardo, que todo lo hacía bien como central. Posición, anticipación, marcaje, visión, velocidad, físico y gran fiabilidad. Un defensa completo que amaba los colores rojiblancos de su Athletic, por eso en cuanto se acabó su contrato de cuatro años con el Madrid (1993-97), decidió no renovar y volver a su tierra, aunque su rendimiento con los merengues fue excelente y formaba una pareja extraordinaria con el libre Hierro.
Antonio MACEDA Francés (1957. Sagunto, Valencia) era un líbero alto (1'90 mt) y elegante en su juego, que dominaba el balón y ayudaba al ataque, gracias sobre todo a su espléndida capacidad para rematar de cabeza. Su gol más famoso lo consiguió en el último partido de grupos de la Eurocopa de 1984, al dejar a la poderosa Alemania sin semifinales gracias a su cabezazo en el último minuto. Precisamente en la semifinal contribuyó a la especialidad española de dejar sin éxito a la dinamita danesa, al conseguir el gol del empate (luego España ganó por penaltis). Tras ser uno de los mejores defensas españoles durante los primeros años 80 en el Sporting de Gijón, el Madrid lo fichó en 1985, aunque sólo pudo demostrar su gran nivel durante una temporada, ya que se lesionó en el Mundial 86 (había participado también en España'82) y los siguientes tres años sólo pudo aparecer de forma esporádica y renqueante hasta su retirada.