Si estos ojitos, y los de millones de aficionados europeos, no hubiesen visto al gran Larry Bird, podríamos pensar que ningún hombre blanco es capaz jugar al baloncesto mejor que Drazen Petrovic (1964-1993). El genio de Sibénik transpiraba talento por cada uno de sus poros, y encima lo hacía con gesto torero, con esa pose inconfundible de los privilegiados de nacimiento, con una sonrisa y esa lengua medio salida del jugón de jugones que llevaba dentro.
No era la primera estrella yugoslava descarada, sus antecesores Slavnic y Kicanovic eran tres veces más sobrados y provocadores, pero Petrovic (1,97) era el mejor y el más espectacular. Botando y desplazándose con una curiosa gracia robótica, amagando con enormes fundamentos, pasando con deliciosa fantasía y tirando como nadie tras su personalísima parada a dos pies, el croata asombraba a todo el continente con 20 años al ganar su primera Copa de Europa con la Cibona en 1985.
Esas extraordinarias cualidades ofensivas llevaban consigo la inevitable dosis de individualismo al que estaba muy acostumbrado el baloncesto balcánico, pero que despertaban celos y envidias en otros lares, como pudo comprobar el día siguiente al ganar la Recopa de 1989 con el Real Madrid. La ACB 1988-89 había sido bautizada como la liga de Petrovic, puesto que los blancos habían contratado a su verdugo europeo para romper el dominio azulgrana en España. Ganaban la Copa y llegaban en buena forma a la final de la Recopa. Se enfrentaba a un equipo inferior, el Caserta, pero que poseía a una de las grandes ametralladoras de la historia de este deporte, Óscar Becerra Schmidt (del que ya hemos hablado en este equipo ideal). Petrovic quiso demostrar que, si él quería, su inacabable arsenal no tenía rival posible (llegó a meter 112 tantos en un partido en Yugoslavia) y superó de largo los 44 puntos del brasileño al marcar 62 en un duelo portentoso.
El Madrid sufrió para ganar con cierta polémica, y ese afán de protagonismo del genio de Sibénik provocó un ataque soterrado de celos en las demás estrellas blancas (como Biriukov y Fernando Martín). Total, que la liga de Petrovic se convirtió en la liga del Barça, que se alzó con el título en el play-off final.
Petrovic decía entonces adiós a Europa para irse a la NBA justo al cumplir los 25 años, no sin antes conseguir su primer oro con Yugoslavia, el del Eurobasket'89, al dirigir con mano maestra una de los mejores equipos FIBA de la historia (con Kukoc, Radja, Divac, Danilovic, Paspalj, Zdovc, Vrankovic, Cutura...) y mostrar que ninguna nueva estrella podía eclipsarle.
Sus dos temporadas en Portand Trail Blazers, (sobre todo la segunda, con una competencia increíble, Drexler, Porter, Ainge, Walter Davis) parecían vaticinar que la cortedad de miras americana iba a frustrar su carrera NBA, pero el traspaso a New Jersey Nets (1991) le permitió superar los 20 puntos por partido y ser escogido en el tercer quinteto ideal de 1993 (meses después de conseguir la plata olímpica en Barcelona con Croacia frente al Dream Team).
Decíamos en la tercera parte de esta serie que Sabonis y Petrovic compartían por igual el podio absoluto del baloncesto europeo del siglo XX. Coinciden también no sólo en el año (1964), sino en el trimestre de nacimiento (diciembre uno y octubre el otro). Y si del gigante de seda lituano señalábamos que su carrera estuvo marcada por una desgraciada lesión tempranera, la del mago croata quedó truncada para siempre por una tragedia, su muerte en accidente de tráfico en junio de 1993 (aún con 28 años) justo cuando se disponía a jugar el Eurobasket de Alemania. (un torneo que resultó tan triste que lo acabó ganando, con una suerte increíble, el mediocre equipo anfitrión del apañado pívot Welp).
Un espectacular museo memorial en Zagreb, un verdadero mausoleo en el cementerio de su ciudad e incluso un monumento frente al Museo Olímpico de Lausana, dan idea de los inacabables honores póstumos recibidos por un genio inolvidable, una verdadera leyenda del baloncesto con la que acabo esta serie de mi doce ideal del baloncesto europeo del último cuarto (y pico) del siglo XX compuesto por Petrovic, Marciulionis, Gallis, Belov, Epi, Dalipagic, Bodiroga, Kukoc, Óscar, Meneghin, Tkachenko y Sabonis.
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