Pocas veces una lesión ha sido más oportuna para un país. Nikos Gallis (1957) era el hijo de una familia griega que había emigrado a Nueva Jersey; de jovencito su abuela le convenció para que abandonase la afición de su padre al boxeo y se dedicase al baloncesto, donde destacó bien pronto. Fue la estrella de la muy conocida Universidad de Seton Hall y, en su último año, se convirtió en el tercer máximo anotador del país, justo por detrás de un tal Larry Bird. A pesar de esos éxitos, sus características físicas no auguraban una entrada brillante en la NBA: con poco más de 1,80, y cuerpo robusto, su juego no era ni el de un base pasador o fulgurante, ni el de un especialista en el tiro lejano. Gallis era otra cosa, un anotador implacable gracias a su tremenda habilidad en el uno contra todos, una máquina a la hora de encarar a los rivales o de jugar de espaldas a canasta y girarse en el momento oportuno frente a cualquiera. En un baloncesto lleno de hombres mucho más atléticos y más altos, tuvo que ver en el draft de 1979 cómo los equipos elegían a más de 60 jugadores por delante suyo. Finalmente le escogió un equipo con grandes posibilidades, ni más ni menos que los Boston Celtics, y allí se le planteaba la posibilidad de un futuro apañadito como jugador muy suplente, pero en el campo de entrenamiento se lesionó seriamente y el puesto en la plantilla quedó cubierto por Gerry Henderson.
Una vez recuperado, se convenció de que no queria quedarse en ligas menores esperando contratos temporales de la NBA, él siempre había sido una estrella y deseaba minutos y protagonismo, amén de ganar unos buenos dineritos, así que volvió al país de origen familiar y aceptó la oferta del Aris de Salónica. Esa decisión marcaría el baloncesto griego para siempre. Gallis dominó su liga durante más de una década, con medias superiores a los 33 puntos por partido, que le reportaron 11 títulos consecutivos como máximo anotador (1981-1991), a los que en su madurez uniría 4 como mejor pasador (1991-1994). Lo mismo hizo con la selección griega, como lo demuestro el hecho de que fue el máximo anotador en los 4 Europeos en los que participó (o en el Mundial de España'86). Su momento cumbre lo vivió en 1987, en el Eurobasket jugado en su país, donde unos arbitrajes escandalosos ayudaron a Grecia a alzarse con el título en la prórroga de la final frente a la Unión Soviética de Sabonis y Marciulonis, tras haber eliminado en semifinales a la Yugoslavia de Petrovic y en cuartos a Italia. Sea como fuere, lo cierto es que se convirtió en el título de la ilusión, la fe y la garra de todos los componentes del equipo heleno (Yannakis, Christiodoulou, Fassoulas), y una muestra más del tremendo poder anotador de Gallis, con una media de 37 puntos en el torneo y 40 en esa final frente a los soviéticos (dos años después les clavaba 45 en semifinales).
Iron Man, llamado así por su fuerza y resistencia, es, con mucho, el más bajito de este equipo ideal europeo y (pívots aparte) uno de los menos especialistas en el tiro lejano, pero quizás sea, con Óscar, el mayor anotador de los doce. Eso da una idea de su increíble habilidad a la hora de encarar la defensa rival desde todos los ángulos posibles. No hay más que ver el vídeo.
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