En Seúl'88 la Unión Soviética derrotaba a Estados Unidos en las semifinales olímpicas y superaba en la final a Yugoslavia. Los focos se centraron en la figura de Sabonis, que había dominado la zona frente a David Robinson y Vlade Divac, pero el trofeo de mejor jugador del torneo no fue a manos del gigante lituano, sino de su compañero Sarunas Marciulionis (1964), o Marchulenis, que había saltado a la fama internacional un año antes gracias a su excelente actuación en el Eurobasket de Grecia. Con un físico magnífico y una piernas portentosas, era un escolta (1,96) rápido, hábil y tremendamente fuerte, que penetraba con facilidad y decisión hasta debajo de la canasta, sabía lanzar desde la distancia y mostraba su poderío en defensa y dentro de la zona. Tuvo una muy digna carrera en la NBA durante los 90, aunque con problemas de lesiones, pero destacó mucho más en las competiciones internacionales, primero con la Unión Soviética y luego con Lituania. Marciulionis usaba con maestría su físico y sus espléndidos fundamentos para realizar un baloncesto completo, en el que sabía ejercer con igual eficacia de base o de escolta, pero encima ayudaba en el rebote y sujetaba a hombres más grandes que él en defensa. Una verdadera estrella.
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