domingo, 30 de octubre de 2011

El Día de la Bestia (I). Der Bomber y Alemania.

Entre 1971, año en que Pelé se retira de su selección y Cruyff gana su primera Copa de Europa con el Ajax, y 1996, cuando entra en vigor la sentencia Bosman, pasa un cuarto de siglo que denomino Fútbol Moderno (para distinguirlo del Clásico y el Contemporáneo). En ese intervalo se jugaron 7 Eurocopas y 6 Mundiales y de esos 13 campeonatos, Alemania (RFA) llegó a 9 finales y ganó 5 títulos, las Copas del Mundo de 1974 y 1990, y las Europeas de 1972, 80 y 96. Los germanos fueron la gran potencia del fútbol moderno, über alles in der welt, y por esa razón comienzo con ellos el repaso de mis delanteros matadores favoritos, con Gerd  Müller como principal protagonista.
Antes de entrar en materia, un pequeño vistazo a los mejores goles de ese país.
Un  alemán es la quintaesencia del depredador del área, el mayor y mejor oportunista que ha conocido el fútbol, GERD MÜLLER  (03-11-1945). Wikipedia define de forma sencilla y clara su juego. "Era un jugador inteligente, oportunista y devastador. Vivía en el área y tenía un impecable sentido de la colocación. Sus compañeros sabían que si centraban el balón al área Müller estaría allí. Demoledor en el juego aéreo, era tremendamente eficaz con los dos pies. Müller no era muy alto, era rechoncho y de aspecto no especialmente rápido, pero tenía una aceleración letal en distancias cortas, un juego aéreo notable y un extraño instinto goleador. Sus piernas cortas le daban un curioso centro de gravedad bajo, por lo que podía darse la vuelta rápidamente y con perfecto equilibrio en espacios pequeños a una velocidad que causaba que los defensores se cayeran y no pudieran quitarle la pelota. Si bien no era un gran regateador, con ésta habilidad de tener arranques explosivos hacia el arco se sacaba fácilmente las marcas de encima, fabricándose él mismo el espacio para anotar un gol. También tenía el don de marcar en situaciones de poca probabilidad de concreción. Sin duda, uno de los más grandes goleadores de la historia del fútbol".
     A diferencia de genios como Cruyff, Maradona, Ronaldo o Messi, la descripción de su técnica y su estilo no explican sus extarordinarias cifras, tanto con el Bayern, siete veces máximo goleador de la Bundesliga, como con la selección alemana, en la que consiguió 68 goles en sólo 62 partidos oficiales (porque se retiró con 28 años tras proclamarse campeón del mundo en 1974). Der Bomber era otra cosa, es el jugador más astuto que ha conocido este deporte, el que mejor sabía exprimir sus cualidades y esconder sus defectos, el más oportunista, el más listo, el que mejor se posicionaba para anticipar el rebote y acudir al hueco, el más eficaz rematador con los dos pies y de cabeza de forma indistinta y, sobre todo, el delantero mentalmente más fuerte que ha existido. No era la pesadilla de los defensas por desbordarlos una y otra vez, sino porque parecía desaparecer del terreno de juego y, de repente, llegaba desde la nada justo donde había que colocar la puntita del pie para empujar el gol.
Y así una y mil veces; digo mil veces no de forma simbólica, sino real, porque los organismos estadísticos constatan que, si se une su carrera juvenil a la profesional y los partidos oficiales a los amistosos, Gerd Müller acumuló la increíble cifra de 1.461 goles en 1.261 partidos desde 1962 a 1981. Si bien las cifras oficiales como profesional son 650 goles en 731 partidos, que tampoco están nada mal.

En España los más veteranos nos acordamos especialmente del partido de desempate de la final Copa de Europa de 1974 contra el Atlético de Madrid y del segundo encuentro de las semifinales de 1975 contra el Real Madrid. Mientras que, en general, se le recuerda por su formidable prestación en el Mundial 1970 (10 goles), y su gol decisivo en la final del 74 para acabar con la Naranja Mecánica (tras marcar ante Polonia el que les llevaba a la final).Otros tantos clave fueron los dos frente a la Unión Soviética en la final de la Eurocopa del 72.
 

 

 
 
Implacable como ningún otro jugador en todas las competiciones, Gerd Müller siempre se sintió cómodo sin ser considerado la principal estrella de su equipo y de su país, papel  reservado al capitán Franz Beckenbauer, pero siendo el más decisivo para desequilibrar cada partido. Por todas estas razones, y a pesar de ser técnicamente muy inferior a genios como Van Basten o Romario, considero que Der Bomber es el mejor delantero centro de ese período que llamo Fútbol Moderno. Y sólo mi pasión  nada disimulada por Ronaldo hace que no le suba al podio absoluto de toda esta serie.

LOS OTROS

Müller es  la figura central de este primer capítulo, pero no el único, porque ya he anunciado que nombraría a otros goleadores alemanes. ¿A quienes elegir? Tal vez el muy eficaz Jupp Heynckes (1945), el acrobático Klaus Fischer (1949) o Dieter Muller (1954) importante anotador en la Eurocopa del 76.

Finalmente me inclino por cuatro especialistas en el juego aéreo, Rudi Völler, Miroslav Klose, Oliver Bierhoff y Horst Hrubesch
.
VÖLLER (1960) fue internacional en 90 ocasiones con Alemania y metió unos muy dignos 47 goles, el más recordado de ellos en la final del Mundial 86, pero su acción más decisiva fue recibir un penalty en la de 1990, precisamente en la ciudad de su equipo de entonces, la Roma. Carismático y polémico, Rudolf  aprovechaba  su buen remate para ser el complemento perfecto a la clase y habilidad de Rummenigge primero, y, sobre todo, de Klinsmann después. Anotó 8 tantos en tres Copas del Mundo (86, 90, 94).



KLOSE (1978), que ahora milita en la Lazio, ha tenido una única temporada goleadora como jugador de club, la 2005-2006, pero en cambio su producción en los tres últimos Mundiales (2002, 2006 y 2010) con Alemania le ha permitido igualar la cifra de 14 goles de Gerd Müller, y su larga carrera internacional, 114 partidos, le ha llevado a ser el segundo máximo goleador de su selección, con 63 goles. Magnífico en el juego de cabeza y buen rematador con el pìe, ha protagonizado un tándem temible con Podolski (también nacido en Polonia) y ha sabido siempre rematar los servicios de jugadores como Ballack, Neuville, Lahm o Schwensteigger.


BIERHOFF (1968) vivió su mayor momento de gloria en la final de la Eurocopa de 1996 frente a Checoslovaquia. Empató el partido en la segunda parte y en la prórroga consiguió anotar el, tal vez, más importante gol de oro de la historia (gol que ponía fin al partido, es el último que se ve en el segundo vídeo). Con su selección marcó 37 goles en 70 encuentros y, amén de su aparición estelar como suplente en 1996, destacó su tándem atacante con Klinsmann en el Mundial del 98. En Italia había sido capocannonieri ese mismo año con el Udinese, cosa que le valió para fichar por el Milan, donde ganó el scudetto en 1999. Era un fantástico cabeceador y buen rematador con el pie.


HORST HRUBESCH (1951) es recordado por los dos goles con los que Alemania ganó la final de la Eurocopa   de 1980. Este alto (1'88 mt) y tremendamente robusto panzer germano se convirtió en uno de los grandes especialistas en el juego aéreo de la Bundesliga (marcó más de 150 goles de testarazo), que ganó tres veces con el Hamburgo, así como la Copa de Europa de 1983. Fue el delantero titular germano en el subcampeonato mundial del 82 en España.

miércoles, 26 de octubre de 2011

El Día de la Bestia (Prólogo)

Hace quince años, un 26 de octubre de 1996, Ronaldo conseguía su maravilloso hat-trick contra el Valencia en el Camp Nou, justo dos semanas después de lograr su famoso gol frente al Compostela. Esas dos extraordinarias actuaciones fueron la clave del inmenso ascenso de su fama, que le valió la elección como Fifa World Player con apenas veinte años, el primero de los grandes reconocimientos individuales al mejor delantero centro del fútbol contemporáneo.
En una época en que los dos grandes maestros del gol son mediapuntas reconvertidos, el aniversario de hoy es la perfecta excusa para hacer un repaso de mis delanteros centro matadores favoritos desde 1973 hasta la actualidad. En esta serie no incluyo ni a trescuartistas ofensivos, ni a fantásticos segundos delanteros o extremos, ni siquiera a nueves pasadores o de pivotaje, sólo a verdaderos delanteros centro cuya principal virtud es tener el gol entre ceja y ceja. Me centraré en la mirada del tigre, el instinto asesino del depredador del área, la pegada final, Y serán jugadores nacidos entre 1945, porque ya vivieron la época del fútbol total, que supuso un cambio en la concepción del juego, y 1981, ya que tienen ese mínimo de 30 años para poder juzgar su carrera. Bienvenidos a la verdadera PASIÓN POR EL GOL.

viernes, 14 de octubre de 2011

Mis Jugadores Favoritos (XII)

Si estos ojitos, y los de millones de aficionados europeos, no hubiesen visto al gran Larry Bird, podríamos pensar que ningún hombre blanco es capaz jugar al baloncesto mejor que Drazen Petrovic (1964-1993). El genio de Sibénik transpiraba talento por cada uno de sus poros, y encima lo hacía con gesto torero, con esa pose inconfundible de los privilegiados de nacimiento, con una sonrisa y esa lengua medio salida del jugón de jugones que llevaba dentro.
No era la primera estrella yugoslava descarada, sus antecesores Slavnic y Kicanovic eran tres veces más sobrados y provocadores, pero  Petrovic (1,97) era el mejor y el más espectacular. Botando y desplazándose con una curiosa gracia robótica, amagando con enormes fundamentos, pasando con deliciosa fantasía y tirando como nadie tras su personalísima parada a dos pies, el croata asombraba a todo el continente con 20 años al ganar su primera Copa de Europa con la Cibona en 1985.

 Esas extraordinarias cualidades ofensivas llevaban consigo la inevitable dosis de individualismo al que estaba muy acostumbrado el baloncesto balcánico, pero que despertaban celos y envidias en otros lares, como pudo comprobar el día siguiente al ganar la Recopa de 1989 con el Real Madrid. La ACB 1988-89 había sido bautizada como la liga de Petrovic, puesto que los blancos habían contratado a su verdugo europeo para romper el dominio azulgrana en España. Ganaban la Copa y llegaban en buena forma a la final de la Recopa. Se enfrentaba a un equipo inferior, el Caserta, pero que poseía a una de las grandes ametralladoras de la historia de este deporte, Óscar Becerra Schmidt (del que ya hemos hablado en este equipo ideal). Petrovic quiso demostrar que, si él quería, su inacabable arsenal no tenía rival posible (llegó a meter 112 tantos en un partido en Yugoslavia) y superó de largo los 44 puntos del brasileño al marcar 62 en un duelo portentoso.

El Madrid sufrió para ganar con cierta polémica, y ese afán de protagonismo del genio de Sibénik provocó un ataque soterrado de celos en las demás estrellas blancas (como Biriukov y Fernando Martín). Total, que la liga de Petrovic se convirtió en la liga del Barça, que se alzó con el título en el play-off final.
Petrovic decía entonces adiós a Europa para irse a la NBA justo al cumplir los 25 años, no sin antes conseguir su primer oro con Yugoslavia,  el del Eurobasket'89, al dirigir con mano maestra una de los mejores equipos FIBA de la historia (con Kukoc, Radja, Divac, Danilovic, Paspalj, Zdovc, Vrankovic, Cutura...) y mostrar que ninguna nueva estrella podía eclipsarle.

Sus dos temporadas en Portand Trail Blazers, (sobre todo la segunda, con una competencia increíble, Drexler, Porter, Ainge, Walter Davis) parecían vaticinar que la cortedad de miras americana iba a frustrar su carrera NBA, pero el traspaso a New Jersey Nets (1991) le permitió superar los 20 puntos por partido y ser escogido en el tercer quinteto ideal de 1993 (meses después de conseguir la plata olímpica en Barcelona con Croacia frente al Dream Team).

Decíamos en la tercera parte de esta serie que Sabonis y Petrovic compartían por igual el podio absoluto del baloncesto europeo del siglo XX. Coinciden también no sólo en el año (1964), sino en el trimestre de nacimiento (diciembre uno y octubre el otro). Y si del gigante de seda lituano señalábamos que su carrera estuvo marcada por una desgraciada lesión tempranera, la del mago croata quedó truncada para siempre por una tragedia, su muerte en accidente de tráfico en junio de 1993 (aún con 28 años) justo cuando se disponía a jugar el Eurobasket de Alemania. (un torneo que resultó tan triste que lo acabó ganando, con una suerte increíble, el mediocre equipo anfitrión del apañado pívot  Welp).
 Un espectacular  museo memorial en Zagreb, un verdadero mausoleo en el cementerio de su ciudad e incluso un monumento frente al Museo Olímpico de Lausana, dan idea de los inacabables honores póstumos recibidos por un genio inolvidable, una verdadera leyenda del baloncesto con la que acabo esta serie de mi doce ideal del baloncesto europeo del último cuarto (y pico) del siglo XX compuesto por Petrovic, Marciulionis, Gallis, Belov, Epi, Dalipagic, Bodiroga, Kukoc, Óscar, Meneghin, Tkachenko y Sabonis.

jueves, 13 de octubre de 2011

Mis Jugadores Favoritos (XI)

En Seúl'88 la Unión Soviética derrotaba a Estados Unidos en las semifinales olímpicas y superaba en la final a Yugoslavia. Los focos se centraron en la figura de Sabonis, que había dominado la zona frente a David Robinson y Vlade Divac, pero el trofeo de mejor jugador del torneo no fue a manos del gigante lituano, sino de su compañero Sarunas Marciulionis (1964), o Marchulenis, que había saltado a la fama internacional un año antes gracias a su excelente actuación en el Eurobasket de Grecia. Con un físico magnífico y una piernas portentosas, era un escolta (1,96) rápido, hábil y tremendamente fuerte, que penetraba con facilidad y decisión hasta debajo de la canasta, sabía lanzar desde la distancia y mostraba su poderío en defensa y dentro de la zona. Tuvo una muy digna carrera en la NBA durante los 90, aunque con problemas de lesiones, pero destacó mucho más en las competiciones internacionales, primero con la Unión Soviética y luego con Lituania. Marciulionis usaba con maestría su físico y sus espléndidos fundamentos para realizar un baloncesto completo, en el que sabía ejercer con igual eficacia de base o de escolta, pero encima ayudaba en el rebote y sujetaba a hombres más grandes que él en defensa. Una verdadera estrella.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Mis Jugadores Favoritos (X)

Pocas veces una lesión ha sido más oportuna para un país. Nikos Gallis (1957) era el hijo de una familia griega que había emigrado a Nueva Jersey; de jovencito su abuela le convenció para que abandonase la afición de su padre al boxeo y se dedicase al baloncesto, donde destacó bien pronto. Fue la estrella de la muy conocida Universidad de Seton Hall y, en su último año, se convirtió en el tercer máximo anotador del país, justo por detrás de un tal Larry Bird. A pesar de esos éxitos, sus características físicas no auguraban una entrada brillante en la NBA: con poco más de 1,80, y cuerpo robusto, su juego no era ni el de un base pasador o fulgurante, ni el de un especialista en el tiro lejano. Gallis era otra cosa, un anotador implacable gracias a su tremenda habilidad en el uno contra todos, una máquina a la hora de encarar a los rivales o de jugar de espaldas a canasta y girarse en el momento oportuno frente a cualquiera. En un baloncesto lleno de hombres mucho más atléticos y más altos, tuvo que ver en el draft de 1979 cómo los equipos elegían a más de 60 jugadores por delante suyo. Finalmente le escogió un equipo con grandes posibilidades, ni más ni menos que los Boston Celtics, y allí se le planteaba la posibilidad de un futuro apañadito como jugador muy suplente, pero en el campo de entrenamiento se lesionó seriamente y el puesto en la plantilla quedó cubierto por Gerry Henderson.
Una vez recuperado, se convenció de que no queria quedarse en ligas menores esperando contratos temporales de la NBA, él siempre había sido una estrella y deseaba minutos y protagonismo, amén de ganar unos buenos dineritos, así que volvió al país de origen familiar y aceptó la oferta del Aris de Salónica. Esa decisión marcaría el baloncesto griego para siempre. Gallis dominó su liga durante más de una década, con medias superiores a los 33 puntos por partido, que le reportaron 11 títulos consecutivos como máximo anotador (1981-1991), a los que en su madurez  uniría 4 como mejor pasador (1991-1994). Lo mismo hizo con la selección griega, como lo demuestro el hecho de que fue el máximo anotador en los 4 Europeos en los que participó (o en el Mundial de España'86). Su momento cumbre lo vivió en 1987, en el Eurobasket jugado en su país, donde unos arbitrajes escandalosos ayudaron a Grecia a alzarse con el título en la prórroga de la final frente a la Unión Soviética de Sabonis y Marciulonis, tras haber eliminado en semifinales a la Yugoslavia de Petrovic y en cuartos a Italia. Sea como fuere, lo cierto es que se convirtió en el título de la ilusión, la fe y la garra de todos los componentes del equipo heleno (Yannakis, Christiodoulou, Fassoulas), y una muestra más del tremendo poder anotador de Gallis, con una media de 37 puntos en el torneo y 40 en esa final frente a los soviéticos (dos años después les clavaba 45 en semifinales).
Iron Man, llamado así por su fuerza y resistencia, es, con mucho, el más bajito de este equipo ideal europeo y (pívots aparte) uno de los menos especialistas  en el tiro lejano, pero quizás sea, con Óscar, el mayor anotador de los doce. Eso da una idea de su increíble habilidad a la hora de encarar la defensa rival desde todos los ángulos posibles. No hay más que ver el vídeo.

Mis Jugadores Favoritos (IX)

En 1991, la FIBA organizó una votación sobre los 50 mejores jugadores históricos del baloncesto europeo. Los jóvenes Petrovic y Sabonis (26 años) quedaron por detrás del gran veterano de este doce ideal que estoy explicando, Sergei Belov (1944). Seguramente es el jugador más representativo de la antigua Unión Soviética, con la que fue internacional durante 14 años, desde 1967 hasta Moscú'80, cuando se convirtió en el primer baloncestista que encendía la antorcha olímpica. Consiguió ganar 4 Europeos, 2 Mundiales y 1 Juegos Olímpicos (los de la polémica canasta de 1972, que anotó el pívot Alexander Belov, no el alero Sergei), amén de los 11 títulos de liga y 2 Copas de Europa alcanzados con el CSKA de Moscú. Cuando la NBA (en la que no jugó nunca) decidió incluirlo en su Hall of Fame, le llamó el Jerry West ruso, por ser un tirador seguro y un jugador completo que se crecía en las finales, donde era raro que no pasase de 20 puntos. Los aficionados que peinamos canas le recordamos en los inevitables duelos con el Real Madrid de los 70 y, aún más, como capitán soviético, brillando como nadie hasta más allá de los 30 años y demostrando un nivel más que digno cuando ganó el Europeo de 1979 con 34 tacos (la estrella entonces era Tkachenko). El siberiano Belov (1,90) era muy bueno y, sobre todo, era tremendamente fiable y seguro; de cerca, de lejos, con equilibrio, con fuerza, con habilidad, cuando hacía falta anotaba como nadie. Una megaestrella sin fuegos artificiales.

Mis Jugadores Favoritos (VIII)

Juan Antonio San Epifanio (1959) logró superar a Emiliano y Buscató como símbolo del baloncesto español del siglo XX. Él azulgrana fue protagonista de una de las sorpresas sonadas de la época al ser elegido jugador europeo de la década de los 80 por l'Equipe, aunque en este país estamos tan acostumbrados a dar la nota  envidiosa que, unas semanas después, la revista Gigantes, editada en Madrid, escogía a Corbalán como mejor español del decenio. La publicación francesa, consciente de que había jugadores mucho más brillantes, argumentaba su galardón en la regularidad y fiabilidad de Epi, un alero (1,97) que se empleaba con intensidad en defensa, apoyaba los bloqueos, ayudaba al rebote, pasaba sin ningún egoísmo y lanzaba a canasta con precisión desde cualquier lugar de la cancha. Siempre explicaba que lo suyo había sido cualquier cosa menos talento natural, porque su tipo de musculación le obligaba a movimientos rígidos y acartonados, y él estaba convencido de que era lento y torpe. Al final su inteligencia y esfuerzo se impusieron por encima de jugadores mucho mejor dotados, como su compañero Chicho Sibilio, para completar una quincena de años como internacional y dar a España y al Barça las primeras alegrías antes de la actual generación de oro. SuperEpi, el gran 15, merece un lugar en el equipo ideal europeo del último cuarto del siglo XX:

Mis Jugadores Favoritos (VII)

De las cinco principales estrellas del baloncesto yugoslavo dominador de los años setenta (Eurobasket 73, 75 y 77, Mundobasket 78 y Juegos Olímpicos de 1980), he escogido a un único jugador para mi equipo ideal del último cuarto de siglo. No he optado por el que tiene más votos de la crítica (Cosic), ni por el que poseía una mayor personalidad y liderazgo (Slavnic), tampoco por el más descarado y desequilibrante (Kicanovic), ni siquiera por el más talentoso (Delibasic). Lo he hecho por el más serio y regular, por un alero (1,97) de aspecto adusto, bigote imponente y muñeca prodigiosa, por el gran Dalipagic (1951). Mr. Europa 1977 y 1978 era una ametralladora implacable que promedió más de 30 puntos durante toda su carrera, desarrollada entre Belgrado e Italia, con el paréntesis de la temporada 82-83 contratado por el Madrid sólo para la Copa de Europa (que no ganó). Ayudaba en el rebote y penetraba cuando hacía falta, pero Dalipagic era, ante todo, un tirador desde cualquier zona del ataque; a dos metros, a tres, a cinco o a siete, a derecha o izquierda de la zona, saliendo del bloqueo o encarando al rival, siempre sin filigranas ni desplantes propios de algunos de sus compañeros de selección. Pura sobriedad e instinto asesino, Dragan fue incluido en el Hall of Fame sin haber jugado nunca en Estados Unidos porque es el perfecto ejemplo del alero clásico europeo.

martes, 11 de octubre de 2011

 
MIS JUGADORES FAVORITOS. (I)
Cuando Epi estaba en plena juventud dijo que el rival más difícil de encarar que conocía era Tkachenko (1957), porque ese cuerpazo condicionaba como ningún otro todos los tiros cercanos del equipo rival y, cuando atacaba, provocaba más pánico en la defensa que jugadores diez veces más técnicos. Valodia ,en cierta manera, simbolizaba el poderío y la supuesta disciplinade la URSS, justo en el final de una década, la de los 70, dominada por la anarquía y el genio impredecible de los Slavnc, Kicanovic, Delibasic y Dalipagic. La aparición del inigualable Sabonis, pocos años después, le fue restando importancia, pero todos los que vivimos esa época recordamos con una sonrisa su frondoso bigote y su fuerza bajo canasta.

 

MIS JUGADORES FAVORITOS (II)
Il Grande Dino Meneghin (1950) era la quintaesencia de la leyenda italiana en el deporte. Rocoso de cuerpo, pero mucho más de mente, no concedía descanso al hombre que marcaba, se encaraba a cualquier rival y no dudaba en usar toda clase de triquiñuelas y artes más que dudosas para obtener ventaja (2:10-2:16 en el vídeo). En el Europeo de Nantes de 1983, durante la trifulca con los yugoslavos, recordaréis a Meneghin intimidando a un Kicanovic "armado" con las tijeras de cortar vendas, pero incapaz de hacer frente a esa bestia implacable que le llevaba 25 centímetros y más de 40 kilos de ventaja. Listo, sobrado de personalidad, hábil anotador en la zona, tremendo reboteador y extraordinario defensor, fue profesional durante tantos años, 29, que llegó a enfrentarse en la Lega contra su hijo Andrea. Siete veces campeón europeo de clubes, y otras cinco finalista, sus 2,08 marcaron el baloncesto del continente durante más de una generación.
 

Mis Jugadores Favoritos (VI)

La revista italiana Superbasket nunca nombró Mr. Europa a Dejan Bodiroga, tal vez porque las principales temporadas de su carrera  (de los 23 a los 32 años) las pasó en Grecia y España, y porque nunca ha jugado en la NBA. El Magic Blanco (2,05) era un  todoterreno muy especial, porque su juego pausado condicionaba el ritmo de sus compañeros y  rivales hasta la exasperación de ambos entrenadores. Cuando Solozábal, base que aseguraba fluidez en la circulación del balón, comentaba partidos del Barça, se ponía nervioso viendo cómo el alero serbio absorbía la posesión y ralentzaba el juego, pero luego se rendía de admiración ante su soberbia definición. Dribblings entre las piernas, cruces, paradas, fintas, amagos, juego de pies, pases y más pases, uno contra uno, contra dos, contra cinco... el repertorio técnico de este prodigio de fundamentos no parecía tener fin. Bodiroga resultaba menos excitante que los jugadores rápidos y atléticos, pero ninguno dominaba las pausas, ni era capaz de enfrentarse a toda la defensa rival como lo hacía él, con la confianza de saber que su cuerpo, su cabeza y su tiro le sacaban de todos los berenjenales en que se metiera. Mr. MVP ganó dos Mundiales, tres Eurocopas y tres Euroligas y supo liderar conjuntos plagados de estrellas gracias a su enorme talento. En este equipo ideal del último cuarto de siglo, Bodiroga (1973) es el benjamín del grupo, el canto dels cisne de las megaestrellas europeas que nunca pisaron la NBA.

lunes, 10 de octubre de 2011

Mis Jugadores Favoritos (V)


La revista italiana Superbasket decidió en 1976 otorgar un premio al mejor jugador europeo del año y lo bautizó con un nombre de concurso de belleza, Míster Europa. Toni Kukoc (1968), alero todoterreno de 2.07, es el hombre que ha acumulado hasta ahora más premios, con 4, muy por delante de los dos títulos de los incomparables Petrovic y Sabonis, y de otras estrellas como Meneghin, Dalipagic, Kicanovic, Djordjevic, Stojakovic, Gasol y, posiblemente, Navarro, si es que le conceden su segundo galardón dentro de unos meses. La Pantera Rosa era la misma elegancia y versatilidad hechas jugador, pasaba como un  base, tiraba como un escolta e intentaba siempre aprovechar su rapidez y sus largos brazos frente a los pívots rivales. La NBA, demasiado física y anárquica, sólo supo aprovechar de forma superficial sus cualidades. Fue en su juventud, en Split y Treviso, donde esas cien delicias sutiles de su juego se materializaban partido tras partido; lo importante no eran sus espléndidos veinte puntitos, sino esa sensación que tenían sus compañeros de estar apoyados por un talento excepcional, por un alero que lo podía todo porque lo tenía todo. Indiscutible alero titular del baloncesto europeo del último cuarto del siglo XX.

sábado, 8 de octubre de 2011

Mis Jugadores Favoritos (IV)

Si en Europa casi nadie recuerda los resultados de la antigua Copa Intercontinental de fútbol, no digamos ya si hablamos de la de baloncesto, y casi lo mismo se puede decir de los campeonatos americanos de selecciones, pero una de las gracias de internet es que consigue hacer repetir lugares comunes hasta el infinito. Por esa razón, la gran mayoría de las páginas de basket de la red, (mimetizando las entradas de internautas cariocas) nos cuentan que los dos momentos cumbre de la carrera de Óscar Becerra Schmidt (1958) fueron la victoria del Sirio en el llamado mundial de clubes de 1979 (el Madrid ganó dos años después y no sé de ningún merengue que se acuerde) y el oro de Brasil en los Panamericanos de 1987,  la primera vez que Estados Unidos perdía una final en casa. Pero ¿cuántos de los aficionados europeos que peinamos canas recordamos cualquiera de esas competiciones? casi ninguno, y, en cambio, todos guardamos en la memoria imágenes de la máquina de anotar que era Mao Santa. Y lo hacemos porque estuvo taladrando las canastas de Italia (11 temporadas) y España (las dos últimas) desde los 24 años hasta los 37 tacos, con una media increíble de más de 33 puntos por partido, amén de hacer otro tanto con Brasil en 5 Juegos Olímpicos y 4 Campeonatos del Mundo.Así que me concedo la enorme licencia de incluir a un No Europeo dentro de mi equipo ideal de jugadores de la Europa del último cuarto del siglo XX porque este tirador se lo merece. Se le supone el máximo encestador mundial  histórico, con más de 49.000 puntos, por encima de Kareen Abdul Jabbar, al haberse retirado a los 45 años (lujos brasileños), tras casi una veintena de títulos de máximo anotador de la liga de turno. En cualquier caso lo que perdura es esa sensación de estar frente a un alero excepcional, un jugador inteligente y preciso que sabía aprovechar cualquier bloqueo para lanzar con perfección desde su, entonces, atalaya de 2,05 metros, provocando los aplausos del Pallacanestro y de los aficionados del resto del mundo. Y, hablando de curiosidades de la red, os invito a que echéis un vistazo al canal del vídeo adjunto, y podréis ver que el mismísimo Óscar se planta cada pocas semanas delante de la cámara de su ordenador para dar sus opiniones sobre cualquier asunto de actualidad del baloncesto mundial, sencillamente porque es un enamorado de su deporte y siente una nostalgia enorme. Un monstruo.